12 de octubre | Las palabras con las que contamos la historia
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12
de octubre | Las palabras con las que contamos la historia
Por
Edurne Farias Escalera
Las
cosas que no se nombran corren el riesgo de volverse invisibles. Pero también
hay palabras que, de tanto repetirse, terminan por ocultar aquello que dicen
nombrar.
Durante
décadas, en México llamamos Día de la Raza al 12 de octubre. El nombre se
incorporó a nuestra historia oficial durante la Revolución y, en 1928, José
Vasconcelos impulsó una celebración que vinculaba aquella fecha con su idea de
una “raza iberoamericana”, una identidad nacida del mestizaje. Un año después,
el nombre quedó asentado oficialmente y lo aprendimos como merolicos en la
escuela, lo repetimos en los calendarios con imágenes de Cristobal Colón arribando
a América y sin razonarlo demasiado, lo incorporamos a esa memoria colectiva
que parece natural hasta que alguien se detuvo a preguntarnos ¿qué significa
esto de raza? ¿Qué raza? ¿Quién decidió que pueblos tan distintos, con sus
lenguas, sus dioses, sus ciudades y sus formas de entender el mundo, cabían
bajo una sola palabra? ¿Y qué historia contábamos cuando celebramos el
nacimiento de una supuesta raza común a partir de la llegada de los europeos a
un continente donde millones de personas ya vivíamos, ya nombrábamos el mundo y
ya teníamos nuestra propia historia?
La
palabra raza no es inocente. Su uso para clasificar a los seres
humanos arrastra una historia de jerarquías, exclusiones y justificaciones del
dominio colonial. Por eso, cambiar el nombre de una fecha no es apenas corregir
un calendario: es preguntarnos qué hemos dado por sentado, qué voces hemos
dejado fuera y qué seguimos repitiendo sin examinarlo.
Hoy,
en México, el 12 de octubre se conmemora como Día de la Nación Pluricultural.
El cambio importa, aunque ninguna palabra, por sí sola, repare siglos de
desigualdad ni devuelva todas las voces que fueron silenciadas pero nos obliga
a mirar de nuevo, a entender que aquí no había una tierra esperando ser
descubierta, ni pueblos esperando recibir una historia, ni un nombre. Había
muchas historias, muchas maneras de nombrar el cielo, el agua, la tierra y la
vida.
Han
transcurrido 534 años desde aquel encuentro en el horizonte. Y todavía
discutimos cómo llamarlo: descubrimiento, encuentro de dos mundos, conquista,
invasión, resistencia. Cada palabra abre una puerta y deja otra cerrada; cada
nombre revela una perspectiva y también puede esconder algo. Y quizá, 534 años
después, valga la pena volver a ese instante antes de que la historia tuviera
un nombre definitivo: al horizonte, cuando alguien desde la costa vio aparecer
un barco y se preguntó: ¿quiénes son?, ¿de dónde vienen?, ¿qué quieren? Y
cuando alguien, en ese mismo momento desde aquel barco que avanzaba sobre un
mar desconocido, miró hacia la orilla y se hizo las mismas preguntas: ¿quiénes
son?, ¿de dónde vienen?
Dos
miradas frente al mar. Dos pueblos que todavía no sabían lo que estaba por
ocurrir. Después vendrían los nombres, las etiquetas, las crónicas, las
conquistas y las historias contadas por los vencedores. Después, también,
siglos de resistencia y de memoria.
12
de octubre. ¿Quiénes eran ellos? ¿Quiénes éramos nosotros? El mar separaba dos
orillas; la historia, después, decidió quiénes podían nombrar el mundo. Han
pasado 534 años y quizá hoy queremos mirarlo desde otra orilla: la de nuestra
memoria, la de las voces que resistieron al silencio, la de los pueblos que
nunca dejaron de nombrarse a sí mismos.
Por
eso celebro que hoy, 12 de octubre, sea el Dia de la Nación Pluricultural,
porque también en las palabras con las que nombramos nuestra historia hay una
forma de decidir desde dónde queremos mirarla.
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