Entradas

Mostrando las entradas etiquetadas como psiquiatras

To Be or Not to Be

Imagen
El día que mi mamá me sacó del colegio de las monjas para entrar a cuarto de primaria en una escuela pública donde dejaríamos ser hijas del verbo encarnado y convertirnos en Hijas del Ejército, a mi mamá lo que más le preocupaba era que mi hermana y yo dejáramos de aprender inglés. Hay que decir que con las monjas nos daban un inglés que a la distancia me parece muy rudimentario, pero si tomamos en cuenta que eran l os gloriosos y desglobalizados años ochentas, se entiende que no pasábamos del  What's your name?  y del  one, two, three, yellow, love, mother , chicken y en esas andábamos  cuando, ya de hijas del ejército, mi mamá nos empezó a mandar por las tardes al Instituto Norteamericano que estaba en el centro de Morelia y donde yo les puedo jurar que me hice más moreliana que la combi roja ruta 4 que era en la que nos subíamos con mi hermana para llegar a nuestras clases de inglés.  Yo tendría unos ocho o nueve años. Entonces no se robaban a las niñas y n...

Entre psiquiatras te veas...

Imagen
  Diagnóstico: trastorno bipolar. De qué tipo? No lo recuerdo, pero ellos, los psiquiatras, no lo saben tampoco. Adivinan. Etiquetan. Diagnostican en 45 minutos que dura una consulta. Te encajonan en una fórmula que no se puede comprobar por ningún método más que por el tipo de pendejadas que hagas o el grado de depresión en que te encuentres. Y de pronto un doctor que fue más de una década a la universidad te dice que padeces de Trastorno bipolar tipo II y tú llegas a tu casa y vas al google y en 25 minutos lees de qué se trata y claro, todo tiene sentido, todo encaja. La rabia, la ira, la lloradera, la agresividad. Las ganas siempre eventuales de morirse. Y te encuentras en la descripción del google y entonces la compras completita y allí empieza otro infierno: la desfiladera con las medicinas. La buena noticia en aquel momento: había un diagnóstico. La mala: que no era curable. Aparentemente. La más mala: El tratamiento es para toda la vida. La irrefutabl...