To Be or Not to Be

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El día que mi mamá me sacó del colegio de las monjas para entrar a cuarto de primaria en una escuela pública donde dejaríamos ser hijas del verbo encarnado y convertirnos en Hijas del Ejército, a mi mamá lo que más le preocupaba era que mi hermana y yo dejáramos de aprender inglés. Hay que decir que con las monjas nos daban un inglés que a la distancia me parece muy rudimentario, pero si tomamos en cuenta que eran l os gloriosos y desglobalizados años ochentas, se entiende que no pasábamos del  What's your name?  y del  one, two, three, yellow, love, mother , chicken y en esas andábamos  cuando, ya de hijas del ejército, mi mamá nos empezó a mandar por las tardes al Instituto Norteamericano que estaba en el centro de Morelia y donde yo les puedo jurar que me hice más moreliana que la combi roja ruta 4 que era en la que nos subíamos con mi hermana para llegar a nuestras clases de inglés.  Yo tendría unos ocho o nueve años. Entonces no se robaban a las niñas y n...

Muerte súbita, le llaman.




 

Hacía mucho que no venías a visitarme pero es que hoy te traje acá porque ¿qué crees? eché a la basura las orquídeas. 

Así como lo oyes. 

Todas.

Eran siete. Y de estar de concurso, primero echaron flores, luego ya no y procedieron a morirse.

Intenté entretenerlas pero ya no se les dio la gana y hoy a la basura las eché. 

Y entonces vino como un presagio o no, más bien como un recordatorio... mmmmmm, no, mejor dicho,como una hipótesis que anunciaba la comprobación de que ora si ya no me quieres. 

Funeral de orquídeas.

No quedó ni una. 

Muerte súbita. 

Todas al mismo tiempo. 

Todavía en Mayo estaban preciosas todas llenas de flores que eran amarillas y moradas y lilas. Y luego Andy me dijo lo de que estaban de concurso. Un concurso donde hubieran ganado. Me dijo: esa orquidea hubiera ganado el Concurso del Orquidario de Morelia. A mi me sorprendió el comentario porque para mí era normal verlas así todas floreadas y porque casi que yo nomás rutinariamente les echaba agua los lunes. Y a veces, cuando me acordaba, abono ese del que es azul, si sabes cuál?  

Las ahora difuntas me las regalaste hace mucho, todavía no llegaba la pandemia cuando un día, de la nada, me las mandaste con Daniel. 

Así, 

tocaron la puerta, 

abrí 

y era Daniel con orquídeas. 

Decir que me las mandaste de la nada es un decir, alguna chingadera de las que no me daba cuenta habrás hecho y ha de haber sido grande donde no me mandaste ni una, ni dos, sino siete que estuvieron mucho tiempo contentas, hasta que ya no. 

Cuando empezaban a dar signos de evidente muerte, se lo conté a Lucy y ella me dijo que hablara con ellas, diles: él ya no va a venir, ya se fue, pero ustedes son mías y vas a ver si no se contentan.  

Se me hizo ridículo pero de todos modos llegué a la casa y lo hice, hablé con ellas y les dije: ustedes son mías.

Pasó un día. 

Una semana. 

Las regué el lunes.

Y luego el lunes siguiente.

Nada.  

No cedieron.

No quisieron.

No se les dio ya la chingada gana. 

Como no se te dio la chingada gana a tí.

Ni a mi ya. 

Muerte súbita. Así como nosotros. 

¿Algún día fuimos "nosotros"? 

En el diccionario de afecciones cardiacas se lee: La muerte súbita es la aparición repentina e inesperada de una parada cardiaca en una persona que aparentemente se encuentra sana y en buen estado. 

Ajá.  

Luego dice: 

No existe una forma posible de prevenir o controlar la muerte súbita, ya que se produce inesperadamente. 

Ok. 

Y luego? 

El único tratamiento efectivo para detener la muerte súbita es la desfibrilación precoz, que consiste en una descarga eléctrica en el corazón mediante palas o parches [u orquídeas] que tratan de reiniciar la actividad del corazón. 

ó

Una reanimación cardiopulmonar en la que se aplica un masaje cardíaco y respiración boca a boca.

Besos desabridos en la boca y ¿te acuerdas que cuando te conocí no sabías besar? O bueno, no besabas como a mi me gusta, que es diferente, verdad? 

Síntomas del desamor: 

  • Pérdida del conocimiento.
  • Ausencia de respuesta ante estímulos.
  • Parada respiratoria.
  • Pérdida del tono habitual de la piel, que se vuelve azul violáceo. 

Azul, como los ojillos esos tuyos que son chiquitos pero miran fuerte. A veces sueño con ellos, sabes? pero en mis sueños me he entrenado para decirte: yaaaaaa cabrón, déjame dormir. Y a veces funciona. Otras no. O en otras pasan cosas raras como que un día nos abducía una nave extraterrestre allá por la carretera de Calpan, era de noche y no sé por qué, íbamos en una moto y yo me aferraba a tí porque una cosa es ya no querer verte y otra irme con los extraterrestres. 

No tengo modo de saber con precisión eso de que ya no me quieres, a menos que eso, que las orquídeas me estén mandando el mensaje de que ya no me quieres. 

Eso y que ya va a ser un año que no nos vemos. 

Y a veces, sólo a veces, me faltas. 

Pero casi siempre, ya no. 

Nos hemos acostumbrado a que, ora si, ya no estés. 

Y es un alivio no vivir en la intermitencia. 

En las paradas respiratorias.

En aferrarme a tí a la orilla de la carretera, de noche, y que sea más fuerte la fuerza de un ovni. 

De los stents que había que poner a tu corazón para volver a echar a andar "algo".

¿Qué?

Nada. 

¿Más stents? 

Ya mejor no.

Muerte súbita, le llaman. 









 

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