Hoy hace 24 años murió
Elena Garro allá en
Cuernacaca. Me la imagino así muy chiquita muriéndose con su cigarrito en la mano, esa mano derecha y elegantiosa que tenia y con la que escribía las cosas que nadie antes había escrito de esa forma tan particular como lo hizo ella y que después llamaron con bombos y platillos y un premio Nobel de por medio: "
realismo mágico" pero en la pluma de
Garcia Márquez.
Así es el
patriarcado, qué quieren?
Pero eso a ella ni a calor le llegó. Era bien mula y cuando años después le decían que ella, con los
Recuerdos del Porvenir había inaugurado eso, el Realismo Mágico, decía que no, que ni al caso.
Elena Garro era talentosísima y casi en el mismo grado fue conflictiva y si a eso le aúnan que se pasó la vida renegando de
Octavio Paz pues ya se imaginarán, nadie se atrevía a quererla y echarse encima a toda la intelectualidad mexicana.
Para que se den una idea, un día dijo en una entrevista: "Yo vivo contra él, estudié contra él, hablé contra él, tuve amantes contra él, escribí contra él y defendí a los indios contra él. Escribí de política contra él, en fin, todo, todo lo que soy es contra él. En la vida no tienes más que un enemigo y con eso basta. Y mi enemigo es Paz."
Y hay tienen que con ese amor/odio clavado en su ronco pecho, se metió en todos los problemas que le fueron posibles hasta que acabó huyendo décadas entre
NY,
Madrid y
París donde la alcanzaron siempre, los problemas y las penas, eso si, escribiendo las cosas más maravillosas entre el caos que fue su existencia.
En los 90's regresó a México a las tinieblas ya bien viejita y con enfisema y un
ejército de gatos franceses a los que cuando se les unieron más
gatos mexicanos, tenian que separar. A los franceses los ponían en un cuarto y a los mexicanos en otro, porque se peleaban y entonces como la casa era chica, no les dejaron más espacio a ella y a la hija, que tuvieron que poner una cama en medio de la sala, donde dormían ambas y desde donde recibían a sus escasas visitas.
Allí llegó un día,
Guadalupe Loaeza y buscando el baño, abrió la puerta francesa y salieron en estampida muchos gatos, luego abrió la otra y salieron al quite los michis paisanos y anda que se desató lo que Loaeza llamó:
la otra batalla de Puebla (en Cuernavaca), por aquello de franceses contra mexicanos o por las batallas permanentes en las que se metían.
Y en esas andaban las Elenas, la Paz en baby doll dicen, cuando el 19 de abril de 1998, se murió nuestro aclamado Nobel y con fanfarrias y mucha pena lo despidieron en
Bellas Artes, como era debido.
Y entonces Elena, nomás por joder, pero en silencio, sin medio acto protocolario de por medio, sin una lápida que por lo menos dijera su nombre y sin que a nadie le importara, también se peló el mismo año pero un día como hoy. En agosto. Es decir, unos meses después que Paz, y yo juro que allá donde se supone que se van los muertos, lo sigue persiguiendo con sus necedades, porque así hay amores y así hay vidas y ¿qué se le hace?.
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