Cuando te divorcias te cambia el panorama en casi todos los sentidos y muchas situaciones de las que no te enterabas desde la comodidad de ser mujer-esposa-de-alguien que se hace cargo de ciertas cosas, aparecen. Y aparecen tan a menudo conforme va transcurriendo el tiempo, que si no te pones buza, te tragan.
Lo primero que aprendí fue a andar sola con mi hijo. A que no
me dé pena ni incomodidad el hecho de llegar a un restaurante y pedir mesa para dos y quedarme sola en la
mesa cuando él, el Juan, se va a jugar por allí en lo que llega la comida.
A ir
a las fiestas familiares yo sola y acostumbrarlos a que no pregunten ¿y vienes
sola mija?
A contestar irreverentemente cuando me preguntan por mi marido las que por joder preguntan por mi no marido: no
pus ese si te lo quedo a deber.
Bueno hasta al festival del día del padre me he
presentado así, sola, y no porque me sienta yo padre y madre de mi hijo, para
nada, mi hijo tiene su padre al que ama por sobre todas las cosas, tan lo
quiere que parece no darle importancia al hecho de que él no pueda venir a asuntos como el día del padre, así que él, el Juan, me invita y me dice ándale mamá vamos, yo
le digo ay no Juan, qué voy a hacer yo allí con puro señor poblano?... mamá, sólo vamos a jugar! y me ponía cara de ¿cuál es pues el problema de ir a jugar con los papás?. ¿Qué le decía yo al chaparrin?
Pues ya, fui. Un poco asustada, pero fui y no pasó nada, literalmente, como dijo él, sólo
jugamos y hasta bien nos la pasamos sacando un limones de un bowl lleno de harina con una cuchara que me tenía que poner en la boca.
He aprendido a sortear los laaaargos domingos, primero con un bebé y luego con un niño.
A viajar con él por las carreteras mexicanas. A visitar ex conventos para llenar los días laaaargos.
A vivir la vida, así.
Tan así, tan de nosotros, que ya es nuestra particular forma de vida.
Cuando me divorcié, la vida me cambió mucho por muchas cosas y desde entonces he ido aprendiendo, en el camino y a base de prueba/error, más
que a ser independiente que no lo he logrado del todo, a ocuparme de mis cosas, lo cual incluye las vicisitudes del automóvil de las que, culturalmente siempre se ocupan los señores maridos.
Recuerdo la primera vez que me detuvo un policía en el entonces DF: yo traía a
mi prima Alba con unas maletotas y a los niños: Victoria que era bebé y venían
el Juan y Santy como con cinco años. Señora no le “han” verificado su coche dijo el oficial. Y
yo le decía, no me diga? Mientras hacía yo cuentas en mi cabeza de que si pues si,
efectivamente hacía ya más de un año que mi coche había dejado de ser nuevo, ni tenía idea pues, que ya había que verificarlo. Pues si oficial, no sabía y muy
segura de mi misma, le dije: pues proceda. "Procede que su coche me lo tengo que
llevar al corralón" mientras agachaba la cabeza para asomarse por mi ventanilla
y contar a los niños que venían atrás que, ya les dije, eran tres. ¿Y le tengo
que llamar a la grúa o la llama usted?, indagué muy machina y dueña de la
situación. Mire, insistía con la mirada en los niños, estaciónese aquí adelantito.
Si me estaciono oficial, pero para qué? Señora no la voy a bajar aquí –en Observatorio
en el folklórico y chilanguísimo cruce peatonal del metro con el mismo nombre- con todos los niños que trae, me decía el
hombre como si fueran veinte. Quería sobornarme allá adelantito pues. Y lo paré
en seco: Oficial, con todo respeto, si usted pretende que yo allá adelantito le
dé una mordida enfrente de mis hijos para que nos deje ir pues no, no, háblele
o dígame y le llamo yo misma a la grúa o indíqueme qué procede, y proceda ya
porque a mi prima se le va el camión a Morelia. Se fue tres minutos, que me
parecieron treinta en los cuales me quedé pensando en el mega desmadre que
provocaría mi heroico pero pendejo nacionalismo anticorrupción: iba a hacer bajar
a mi prima con las maletotas y con los niños sola y atravesar la explanadota
que en ese momento vi enorme y llena de puestos, después tendría que pagar la
multa (dineral) e ir a sacar el coche de un corralón en sabrá Dios dónde, todo eso, en taxis…. En fin
que ya casi me estaba arrepintiendo de mi estúpida proeza cuando veo venir al
oficial. Yo dignamente puse mi cara macha y necia y taurina cuando lo que quería era yaaaa, sacar el
pinche billete y que nos dejara irnos al estacionamiento de Observatorio que por
cierto, maldita suerte, estaba a trescientos metros de donde nos detuvo. Y dice con voz
de a ver pinche señora honrada: señora sabe qué? Ya váyase. Y ya iba yo a agradecerle y a arrancarme, cuando suelta: "Pero dígale a su
marido que le lleve a verificar el coche". Me fui queriéndole mentar la madre porque me dije: porqué es
culpa de mi marido inexistente que yo no haya verificado mi coche???. A partir de
entonces jamás me volvió a pasar y me aprendí las fechas de la famosa
verificada. Prueba error número uno.
Otro día, en pleno periférico norte, nortísimo, me sacó desde su moto y
haciéndome una seña con el brazo derecho para que me metiera en la lateral, un
motorizado: señora, buenos días, su engomado. Mi ¿qué? Su engomado. Uta, yo no sabía de qué
hablaba el motorizado y se lo dije. Me pidió –impaciente- documentos. Abrí la
cajuelita para sacar la tarjeta de circulación y salió la calcomanía donde
viene impreso el número de la placa. Ese es el engomado señora. Ah pues para mí
es una calcomanía. Pues se llama engomado señora y va pegado a la vista de la
unidad. Esa vez, también me libré, más que por la ignorancia del mentado engomado porque portaba yo
la chamarra de la CNDH, donde entonces trabajaba. Iba a Tultitlán o a Tultepec o Tulte-algo que eran los lugares a donde me mandaban a capacitar y
casi me escolta el motorizado porque le dije, que por cierto y por su culpa, ya
iba tarde. Prueba error numero dos.
Otro día fui a verificar y no pasó la verificación. De esa
vez aprendí la palabra “catalizador”. Que es algo que se jode cuando vives en
un lugar donde las gasolineras se surten del famoso huachicol. Catalizadores
hay originales a ocho mil pesos o piratas de tres mil. Prueba error número tres. Compré el de tres mil.
Hoy, fui a tramitar mis placas poblanas. Ese trámite nunca lo
había hecho. Total, ya vivo acá, qué no? Cuál es la necedad de traer placas
chilangas y andar por la vida poblana de ilegal a cien kilómetros por hora por
el periférico con fotomultas que te hacen lo que el viento a Juárez? Entre las
cosas útiles que aprendí del proceso: que debes llevar dos desarmadores, uno
plano y otro de cruz porque la placa delantera se quita con el de cruz y la
trasera, con el plano. Me sentí orgullosa de cosas que antes jamás ocupaban mi
mente como: tener la factura original archivada y en orden, tener en esa misma
carpeta que dice “coche”, las multas pagadas, las tenencias, el seguro, la
llave de repuesto. Por cierto, lo de pagar la tenencia lo aprendí hasta que una
vez, la primera, me tocó pagar más de tres mil pesos por el descuido de pagarla
extemporáneamente como en mayo cuando debe ser en enero. Prueba error número cuatro. Jamás me volvió a pasar.
Total, que un acto cotidiano y hasta engorroso,
como cambiar mis placas, me puso profundamente feliz por lo que emblemáticamente significa para mí asumirme ser parte de este paisaje y surcarlo con el Juan con mis placas azules que dicen Puebla y allí, en el estacionamiento subterráneo del CIS, estaba
yo con una rodilla en el suelo poblano atornillando la placa con la letra D de
delantera -dato desconocido para mi- y pasa un señor y se me queda viendo. Percibí su educada intención de
ayudarme y lo advertí con mirada de no lo intente señor-poblano-panista-buenas-costumbres
que yo estoy feliz con mi faena. Se le ha de ver hecho raro o hasta le ha de ver provocado lástima que una señora esté
atornillando sus propias placas allí hincada en el piso, pensaba manejando de camino con
Caro. No debería serlo, pienso yo y me siento feminista por un breve momento porque
concluyo que no debe ser un acto feminista el hacerte cargo de tus propias
cosas y de ti misma. Aparte a mí me gusta que mi hermana me diga que yo soy un vato cuando le cuento cosas como ésta, se carcajea y me dice determinante: es que tú eres un pinche vato mana! Y la verdad, la verdad yo prefiero ser, antes un pinchi vato, que feminista, aunque me pase la vida con prueba/error, prueba/error, prueba/error hasta llegar a la quinientos cuarenta y cuatro mil.
Excelente de verdad me reí a morir, te felicito amiga te quiero, un fuerte abrazo.
ResponderEliminarAgradable, ameno, divertido, realista, sólidamente escrito. Gracias Edu.
ResponderEliminarA escribir!!!
Edu padrísimo es un placer, muchas gracias por compartir.
ResponderEliminarY no lo dejes.
Edu padrísimo es un placer, muchas gracias por compartir.
ResponderEliminarY no lo dejes.
Edu padrísimo, gracias por compartir.
ResponderEliminarY no lo dejes.
Muy bueno Edu linda, gracias por compartir.
ResponderEliminarY no lo dejes.
Hola. Soy Grisel (la novia de tu primo Pepe de Toluca) ✌️ Leí tu publicación a Pepe y estábamos muertos de risa ¡Eres genial para ésto!
ResponderEliminarNo dejes de escribir, ahora soy tu fiel seguidora.
¡Saludos!✌️
Vigente hoy y siempre...
ResponderEliminarVigente hoy y siempre...
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