To Be or Not to Be

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El día que mi mamá me sacó del colegio de las monjas para entrar a cuarto de primaria en una escuela pública donde dejaríamos ser hijas del verbo encarnado y convertirnos en Hijas del Ejército, a mi mamá lo que más le preocupaba era que mi hermana y yo dejáramos de aprender inglés. Hay que decir que con las monjas nos daban un inglés que a la distancia me parece muy rudimentario, pero si tomamos en cuenta que eran l os gloriosos y desglobalizados años ochentas, se entiende que no pasábamos del  What's your name?  y del  one, two, three, yellow, love, mother , chicken y en esas andábamos  cuando, ya de hijas del ejército, mi mamá nos empezó a mandar por las tardes al Instituto Norteamericano que estaba en el centro de Morelia y donde yo les puedo jurar que me hice más moreliana que la combi roja ruta 4 que era en la que nos subíamos con mi hermana para llegar a nuestras clases de inglés.  Yo tendría unos ocho o nueve años. Entonces no se robaban a las niñas y n...

108 personalidades




Un día haciendo yin yoga, la guía empezó la meditación diciéndonos que tenemos 108 personalidades y que había que recitar 108 mantras, un mantra para cada personalidad. Me quedé estupefacta. No me acuerdo con qué objetivo lo teníamos qué cantar porque me inquietó lo de las 108 personalidades. No son muchas? me daban ganas de interrumpir a Julieta en medio de la clase  que exponía su recital, en ese idioma que no entiendo, con mucha convicción para su personalidad 55, personalidad 56, personalidad 57 mientras pasaba bolitas de un collar que se me imaginaba como un rosario de Capula que se recitaba en un idioma incomprensible que ahora sé que es sánscrito védico y son una especie de fórmulas que alteran los patrones que tenemos en la mente y la química del cerebro mediante la vibración del sonido y es una lengua clásica de la India.
Me sacó de mi centro la información, yo apenas tengo ubicadas dos personalidades adentro de mí: la normal con la que convivo, con la que me aman, con la que hago reír a mis hermanas,  con la que voy al museo, con la que escucho a Villoro mientras hago la comida, la que le da besitos a Juanpi cuando ya se durmió, la que le lee por las noches. La otra personalidad, uy, es la mejormente conocida como “la bipolar”, la que me hace ser insoportable, con la que no me aguanto ni yo, con la que hablo sin pensar las consecuencias, con la que hiero, con la que sufro, con la que lloro, con la que me deprimo y me hace decirme cosas estúpidas como ¿por qué a mí me pasa esto?  
Con esa personalidad bipolar, mi segunda personalidad, la que a veces se apodera de mi sin yo entenderlo, he perdido, entre otras cosas, si es que se les puede llamar “cosas” a: dos maridos, una ciudad, que por cierto es la mía, en la que nací y montón de cosas que implican esas dos grandes pérdidas de mis maridos y mi Morelia, que es en lo que resumo todas las demás pérdidas que son como brazos de una gran masa imprecisa: casas (muchas, con coincidencias que van desde la casa de Santa María, una, la santa, hasta la de Tres Marías, tres, tres tres Marias, que me parecían como mil), perros (tres), un suegro (brillante y amado), dos suegras, pilas de amigos que puedo organizar incluso alfabéticamente con muchísima nostalgia, recuerdos recortados como en fotografías de conciertos, de viajes, de fiestas… también perdí coches… en fin. Cosas y personas que me han costado casi la vida y con las que he aprendido, primero con chochos y psiquiatras y luego con yoga,  oooooooom, meditación, terapia y un chingo de errores y sufridera, a simplemente dejar en el pasado. De todo aquello me quedan: mi hijo que es mi fuerza, mis libros y mis ollas de la cocina de acero inoxidable que quien sabe por qué, cargo desde entonces,  y la personalidad que me quedó de haber sobrevivido a aquella vorágine moreliana y las ganas de seguir construyendo en cualquier lugar, aunque tenga que ser en un lugar tan agreste como es Puebla.
Volvamos a lo de las 108 personalidades que evidentemente me pusieron en aprietos. Será que tengo que hacer otra clasificación de las personalidades que no sea simple y llanamente la “normal, socializable, adorable y funcional” contra la “bipolar, loca de porquería”? Una clasificación más científica tipo taxónoma? Uffffff, nunca se me dio lo científica, y recurro, mejor, a lo que conozco o me es familiar: los sistemas de clasificación bibliográfica. Si en la biblioteca de Boston en el siglo XIX, un ser de apellido Cutter pudo clasificar 170 mil volúmenes, ni modo que yo no pueda clasificar mis 108 personalidades que dice Julieta que tenemos todos, así como él: con un sistema alfabético. Por ejemplo, empiezo con la “A”: afable, soy afable? Qué significa afable? Afable con mi hijo, afable cuando amo, afable en el mercado comprando las flores... “B”de básica, cuando me levanto con el despertador, hago el desayuno, doy dos tres gritos: lávate los dientes, coge la lonchera. “C” de catastrófica, cuando siento que no puedo vivir sin unos ojos azules que me miren. “D”: densa…. Me parece que armaría más bien un almanaque de egocentrismo. Y el sistema de clasificación Dewey? Divido en 10 personalidades predominantes y de allí sacamos las personalidades secundarias que junten las 108. No sé, me parece complicado buscarme 108 personalidades que pensándolo bien, seguro junto sin problemas y con un poco de autoconocimiento en el que he estado inmersa en los últimos tres años, seguro lo desmenuzamos.
Leyendo, el 108 es un número mágico. Un número ideal. Un número místico. Existen 108 nombres hindús para la divinidad que no me dice nada, soy mexicana, no hindú, pero los ángulos interiores de un pentágono miden 108 grados cada uno, y el diámetro del Sol es aproximadamente igual a 108 veces el diámetro de la Tierra, si se divide entre 9 da 108, que son las nueve musas de la historia, 9 planetas, 9 meses de los bebés en la panza de nosotras las mamás  y por tanto el 108 simboliza la perfección del todo y se supone que hay 108 líneas energéticas que salen del chakra corazón, lo cual me parece bonito. También me parece bonito que aunque no sé con exactitud cuáles son las 108 personalidades que me caracterizan, simplemente acallo mi mente y me dejo llevar. Y allí estoy, en el shala, cantando mantras 108 veces hablándole a cada una de mis desconocidas 108 personalidades en un idioma anónimo con la única convicción de aplacar mi espíritu alborotado.




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