Un
día haciendo yin yoga, la guía empezó la meditación diciéndonos que tenemos
108 personalidades y que había que recitar 108 mantras, un mantra para cada
personalidad. Me quedé estupefacta. No me acuerdo con qué objetivo lo teníamos
qué cantar porque me inquietó lo de las 108 personalidades. No son muchas? me
daban ganas de interrumpir a Julieta en medio de la clase que exponía su recital, en ese idioma que no
entiendo, con mucha convicción para su personalidad 55, personalidad 56,
personalidad 57 mientras pasaba bolitas de un collar que se me imaginaba como
un rosario de Capula que se recitaba en un idioma incomprensible que ahora sé
que es sánscrito védico y son una especie de fórmulas que alteran los patrones
que tenemos en la mente y la química del cerebro mediante la vibración del
sonido y es una lengua clásica de la India.
Me
sacó de mi centro la información, yo apenas tengo ubicadas dos personalidades
adentro de mí: la normal con la que convivo, con la que me aman, con la que
hago reír a mis hermanas, con la que voy
al museo, con la que escucho a Villoro mientras hago la comida, la que le da
besitos a Juanpi cuando ya se durmió, la que le lee por las noches. La otra
personalidad, uy, es la mejormente conocida como “la bipolar”, la que me hace
ser insoportable, con la que no me aguanto ni yo, con la que hablo sin pensar
las consecuencias, con la que hiero, con la que sufro, con la que lloro, con la
que me deprimo y me hace decirme cosas estúpidas como ¿por qué a mí me pasa
esto?
Con esa personalidad bipolar,
mi segunda personalidad, la que a veces se apodera de mi sin yo entenderlo, he
perdido, entre otras cosas, si es que se les puede llamar “cosas” a: dos
maridos, una ciudad, que por cierto es la mía, en la que nací y montón de cosas
que implican esas dos grandes pérdidas de mis maridos y mi Morelia, que es en
lo que resumo todas las demás pérdidas que son como brazos de una gran masa
imprecisa: casas (muchas, con coincidencias que van desde la casa de Santa
María, una, la santa, hasta la de Tres Marías, tres, tres tres Marias, que me parecían como mil), perros (tres), un suegro (brillante y amado), dos
suegras, pilas de amigos que
puedo organizar incluso alfabéticamente con muchísima nostalgia, recuerdos
recortados como en fotografías de conciertos, de viajes, de fiestas… también
perdí coches… en fin. Cosas y personas que me han costado casi la vida y con
las que he aprendido, primero con chochos y psiquiatras y luego con yoga, oooooooom, meditación, terapia y un chingo de
errores y sufridera, a simplemente dejar en el pasado. De todo aquello me
quedan: mi hijo que es mi fuerza, mis libros y mis ollas de la cocina de acero inoxidable que quien sabe por qué, cargo desde entonces, y la personalidad que me quedó
de haber sobrevivido a aquella vorágine moreliana y las ganas de seguir construyendo
en cualquier lugar, aunque tenga que ser en un lugar tan agreste como es Puebla.
Volvamos
a lo de las 108 personalidades que evidentemente me pusieron en aprietos. Será
que tengo que hacer otra clasificación de las personalidades que no sea simple
y llanamente la “normal, socializable, adorable y funcional” contra la
“bipolar, loca de porquería”? Una clasificación más científica tipo taxónoma? Uffffff,
nunca se me dio lo científica, y recurro, mejor, a lo que conozco o me es
familiar: los sistemas de clasificación bibliográfica. Si en la biblioteca de
Boston en el siglo XIX, un ser de apellido Cutter pudo clasificar 170 mil
volúmenes, ni modo que yo no pueda clasificar mis 108 personalidades que dice
Julieta que tenemos todos, así como él: con un sistema alfabético. Por ejemplo,
empiezo con la “A”: afable, soy afable? Qué significa afable? Afable con mi
hijo, afable cuando amo, afable en el mercado comprando las flores... “B”de
básica, cuando me levanto con el despertador, hago el desayuno, doy dos tres
gritos: lávate los dientes, coge la lonchera. “C” de catastrófica, cuando
siento que no puedo vivir sin unos ojos azules que me miren. “D”: densa…. Me
parece que armaría más bien un almanaque de egocentrismo. Y el sistema de
clasificación Dewey? Divido en 10 personalidades predominantes y de allí
sacamos las personalidades secundarias que junten las 108. No sé, me parece
complicado buscarme 108 personalidades que pensándolo bien, seguro junto sin
problemas y con un poco de autoconocimiento en el que he estado inmersa en los
últimos tres años, seguro lo desmenuzamos.
Leyendo, el 108 es un número mágico. Un número ideal. Un
número místico. Existen 108 nombres hindús para la divinidad que no me dice
nada, soy mexicana, no hindú, pero los ángulos interiores de un pentágono miden
108 grados cada uno, y el diámetro del Sol es aproximadamente igual a 108 veces
el diámetro de la Tierra, si se divide entre 9 da 108, que son las nueve musas
de la historia, 9 planetas, 9 meses de los bebés en la panza de nosotras las
mamás y por tanto el 108
simboliza la perfección del todo y se supone que hay 108 líneas energéticas que
salen del chakra corazón, lo cual me parece bonito. También me parece bonito
que aunque no sé con exactitud cuáles son las 108 personalidades que me caracterizan,
simplemente acallo mi mente y me dejo llevar. Y allí estoy, en el shala, cantando mantras
108 veces hablándole a cada una de mis desconocidas 108 personalidades en un
idioma anónimo con la única convicción de aplacar mi espíritu alborotado.
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