To Be or Not to Be

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El día que mi mamá me sacó del colegio de las monjas para entrar a cuarto de primaria en una escuela pública donde dejaríamos ser hijas del verbo encarnado y convertirnos en Hijas del Ejército, a mi mamá lo que más le preocupaba era que mi hermana y yo dejáramos de aprender inglés. Hay que decir que con las monjas nos daban un inglés que a la distancia me parece muy rudimentario, pero si tomamos en cuenta que eran l os gloriosos y desglobalizados años ochentas, se entiende que no pasábamos del  What's your name?  y del  one, two, three, yellow, love, mother , chicken y en esas andábamos  cuando, ya de hijas del ejército, mi mamá nos empezó a mandar por las tardes al Instituto Norteamericano que estaba en el centro de Morelia y donde yo les puedo jurar que me hice más moreliana que la combi roja ruta 4 que era en la que nos subíamos con mi hermana para llegar a nuestras clases de inglés.  Yo tendría unos ocho o nueve años. Entonces no se robaban a las niñas y n...

ATADO AL TIEMPO, PRENDIDO, PRENDADO





Cuando nací, mi papá se fue corriendo a la casa de sus papás, que quedaba a dos calles del hospital. Dicen que llegó feliz a decir “ya nació, ya nació” y que cuando le preguntaron ¿y fue niña o niño?, entonces él se quedó seco y dijo ay no sé, sólo sé que todo salió bien y que se regresó corriendo al hospital a preguntar qué había sido su bebé. Mi papá tenía sólo veinte años y yo me lo imagino muy muchacho y muy despistado y me gusta imaginármelo, feliz. 

Después, él, mi papá, me nombró Edurne y yo muchos años sufrí con mi nombre porque siempre que me preguntaban y cómo te llamas? E inmediatamente después de que yo decía Edurne me decían: -cómo? Y yo volvía a decir: Edurne, y mientras decía eso en mi mente me repetía como merolico: ahora me van a preguntar, y de dónde es? Y luego: qué significa y ahora de adulta acá con los poblanos, y tu familia es española? Así. Toda la vida. Yo decía y porqué no nomás me pusieron Leticia o algo normal? Hasta que un día entendí que qué bonito mi nombre  y pasé del odio al amor con ser Edurne porque me di cuenta de que no había otra Edurne, al menos en Morelia, de donde además he acumulado una serie de rebautismos que tienen voz, nombre, época y vivencias como: Enduri, Eduda, Ediurne, Enrude, Seduerme, Enuner y la anécdota épica cuando entré a la prepa y en público dije, después del acostumbrado, cómo?- que me habían puesto así porque a mi papá le gustaba Serrat y atrás Otamendi dijo: Menos mal que no le gustaba Café Tacuba, si no serías Rarotonga Farias. 
En esa misma época un amigo me decía María, porque se le hacía feo mi nombre pero a mí, vaya, que me gusta, me gusta mi nombre. Me lo puso por la canción de Edurne que es una canción tristísima, algún día me pregunté por qué mi papá me pondría el nombre de una historia tan triste; sin embargo con el tiempo, me doy cuenta que la canción me gusta y sí me describe un poco, díganme pretenciosa, pero quienes me conocen verdaderamente, me dirán que sí. Y eso, mi papá ya lo sabía.

Desde que fue muy joven, mi papá se interesó por la poesía, le gustaba mucho Miguel Hernández y García Lorca y desde que éramos chiquitas nos decía cosas como “verde que te quiero verde” mientras nos hacía cosquillas y nos daba besos con baba hasta ponernos histéricas y desgreñadas, o cantar con sus amigos canciones a las que él les ponía música con su guitarra: “y yo que me la llevé al río pensando que era mozuela” que todos tarareaban de tanto cantarlas, o sus composiciones, como aquella canción que le hizo a Morelia que empezaba más o menos así: “Morelia bajo tus piedras yo nací una mañana”. Mi papá y su guitarra, es inevitable recordarlo sin ella, sin su voz que es tipo Serrat. Un día, hace muchos años andaba yo en Buenos Aires y fuimos a un lugar de tango, un lugar turistiquísimo, cuando de repente estamos ante un escenario que se mueve de manera circular, las bailarinas bailan tango de manera exagerada y aparece al centro con una luz dirigida un gaucho sentado en una silla con su guitarra y el escenario dando vueltas y empieza: ¨Si yo tuviera el corazón, tarantan tan tan, el corazón que diiiii; si yo pudiera, como ayer, querer sin presentir...¨ la canción que desde niñita mi papá cantaba arrebatado con su guitarra! se me agolpó en el pecho, no pude sino echarme a llorar porque era como mi papá cantando pero en argentino y con micrófono y con unas argentinas alrededor de él con sus lentejuelas todas apasionadas, esa canción que tanto había oído tararear y tocar en la casa y que nunca había escuchado en otra voz y que durante años pensé que él, mi papá, había escrito, que él, mi papá, le había puesto música, pero ya Gardel se le había adelantado.

A mi papá le he copiado muchas cosas, la más evidente y la que se me viene a la mente es a subrayar los libros de las frases que quiero siempre tener presentes. Cuando él no estaba porque andaba o en el servicio o en la especialidad o en la residencia de esa carrera interminable que eligió estudiar, a mí me gustaba ir, con diez años más o menos, al librero blanco que había en la casa y elegir al azar un libro, había uno, se llamaba Ladera Este, de Paz y él dejaba, como si fuesen pistas de él, subrayados, versos como: “Estoy atado al tiempo, prendido, prendado…” y me quedaba yo atónita pensando en él así por días: a mi papá atado al tiempo, prendido, prendado. También era fan de cosas aún más incomprensibles de Filosofía, Paradigmas e Historia de la Ciencia y muchos, muchos libros del método científico, autores que iban desde Stendhal, Kuhn, Eco o Mario Bunge. Había libros de Freud también. Así de compleja es la mente de mi pá, por eso cuando llegué a decirle que quería estudiar derecho, se me quedó mirando y me dijo con las manos en los bolsillos, los hombros hacia arriba y las cejas levantadas: derecho? Piénsalo mija. Ya después les dije que iba a entrar mejor a Historia y los dos con mi mamá estuvieron conformes, pienso que hasta felices en lo que es mi hermosa y entrañable familia cero convencional. Por eso, cuando me lo encuentro como ensimismado a mi papá, supongo que está pensando algo muy profundo que puede ser desde algún poema hasta alguna cuestión filosófica porque estoy convencida de que de manera autodidacta y anónima, él también es filósofo, e hizo esa carrera, la de filosofía a la par de la de medicina y pienso que si fuera menos tímido, él podría darnos conversaciones tipo Eduardo Punset o Umberto Eco o algo así. Pero mi papá es muy callado y yo, muchas veces, me dedico a adivinar en qué andará pensando mi papito.

A mí me gusta mucho el papá que tengo. El otro día andábamos las hijas despotricando de AMLO y él, calladito, porque así es nuestro papá: silencioso, será que somos tres y sentirá que le echamos montón?... No sé, pero él se dedica a escucharnos. Y un lunes le llamo y le digo oye dónde andas, qué andas haciendo y me dice que anda con las Juventudes de AMLO levantando el vivero que ya se estaba cayendo. Cuando colgué me di cuenta de cuánto mi papá nos muestra lo que siente y lo que piensa, simplemente haciendo cosas y me lo imagino haciendo el trámite, donde sea que se haga ese trámite, para que los muchachos de AMLO, como él les dice, vayan a ayudarlo los lunes al vivero.

Pero lo que más me gusta de mi papá es que es el mejor oyente y lo que más admiro de él es que te escucha, aunque a veces estés loca. Te escucha y te acompaña, no opina mucho porque no lo cree necesario y aunque a veces parece que no está, él siempre está allí, escuchándote y si puede echarse su cigarrito mientras lo hace, eso significa que te está escuchando con más atención. Sus conclusiones a eventos donde yo me desgarro las vestiduras son: “ajá”, “eso es”, “ey” y ya exagerando: “mira nada más”. Y yo he aprendido a en ese ajá, encontrar su enorme amor, su increíble comprensión, su hermosa solidaridad y su inmenso cariño y  le agradezco que me haya nombrado Edurne porque es como llevarlo a él siempre conmigo. ❤❤❤




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