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To Be or Not to Be

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El día que mi mamá me sacó del colegio de las monjas para entrar a cuarto de primaria en una escuela pública donde dejaríamos ser hijas del verbo encarnado y convertirnos en Hijas del Ejército, a mi mamá lo que más le preocupaba era que mi hermana y yo dejáramos de aprender inglés. Hay que decir que con las monjas nos daban un inglés que a la distancia me parece muy rudimentario, pero si tomamos en cuenta que eran l os gloriosos y desglobalizados años ochentas, se entiende que no pasábamos del  What's your name?  y del  one, two, three, yellow, love, mother , chicken y en esas andábamos  cuando, ya de hijas del ejército, mi mamá nos empezó a mandar por las tardes al Instituto Norteamericano que estaba en el centro de Morelia y donde yo les puedo jurar que me hice más moreliana que la combi roja ruta 4 que era en la que nos subíamos con mi hermana para llegar a nuestras clases de inglés.  Yo tendría unos ocho o nueve años. Entonces no se robaban a las niñas y n...

Cuando el lago decide

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    El domingo ya habíamos subido a los mezcales en la Hacienda Oponguio, cuando, de bajada mi mamá dijo: "ay yo de todos modos quiero ir con la señora por una corunda". 'La señora' es Emita Mejia Contreras. Tiene noventa años. Yo hago cuentas   y saco que nació en 1936, en Oponguio 'por error', dice, porque su mamá vivía en Pátzcuaro y su papá en Oponguio. Su mamá, embarazada, vino en la lancha a visitar a su papá y aquí le tocó nacer, en lo que hoy es el Restaurante Casa Grande que atiende ella con su única hija. Oponguio pertenece al Municipio de Erongarícuaro, un lugar que existe desde la época prehispánica que pertenecía a Tzintzuntzan, capital del Estado P'urhépecha, que -hay que decir-   fue de las más poderosas del Posclásico, y a quien ni los mexicas, ni nadie, lograron conquistar. Emita nació con Cárdenas, y no fue sino hasta 1939 que se hizo la carretera que conecta Pátzcuaro, Erongarícuaro y Quiroga. Antes de eso las comunicaciones eran p...

Vine a Cuetzalan porque me dijeron que acá vivía la curandera, una tal Carmen. PARTE I

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I. El cuerpo del viaje. Viajar a Cuetzalan desde Morelia es atravesar toda la panza de México. Nuestro viaje cruza del occidente al oriente y en el mapa se dibuja una línea que pareciera engañosamente horizontal porque nos mantenemos cerca del paralelo veinte. No obstante, viajar a Cuetzalan es pasar también del altiplano purépecha al territorio nahua-totonaco. Y aunque el mapa indica esa aparente línea donde parece que vamos “todo derecho”, no se hace sino bajando y subiendo, cediendo y recuperando la altura. La tierra —que ya Eratóstenes supo que no era plana— se pliega, se hunde, se levanta. Y entonces, el territorio respira.   Se sale de los 1,920 metros sobre el nivel del mar y el camino primero se extiende, largo, horizontal, todavía altiplano y conocido. El Arco Norte se cruza casi completo, rozando Hidalgo y Tlaxcala entre nopaleras, traileros, retenciones y mucho asfalto, y allí, cerca de Apizaco la tierra empieza a elevarse otra vez hasta los 2,400 metros y te lo anun...

Nos hemos hackeado a René Descartes

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En los últimos días me ha llamado la atención que en todos los ámbitos se habla de las "narrativas": la narrativa del poder, la narrativa de la ultraderecha, la narrativa fascista, la narrativa de la generación z, la narrativa de los narc*s... todos cabemos en las famosas narrativas porque son la estructura que organiza cómo entendemos el mundo y nos dicen quiénes somos, qué celebramos, qué recordamos, qué decimos, si lo decimos.  Yo nunca me había puesto a reflexionar sobre las "narrativas" desde el concepto como tal. Y o entendía la palabra narrativa en un contexto literario en forma de cuentos ó de novelas y su estructura que he aprendido con el tiempo no tanto en la teoría sino simplemente leyendo.  En Historia, la narrativa histórica es la manera en qué se cuenta algo, por ejemplo la escena dramática por excelencia del mundo mexica- español que nos contaron desde niños en la primaria que nos pintaba a Cortés llorando bajo la lluvia en el ahuehuete y todos los i...

Yo prefiero ser circular

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Los humanos siempre hemos estado obsesionados con medir el tiempo, es casi una cuestión existencialista esto de ponerse a pensar en el transcurrir del tiempo.  En la actualidad los que habitamos el planeta vivimos adentro de un calendario civil internacional llamado Gregoriano -antes juliano, por Julio César- en el que vivimos de una manera "lineal" y arbitraria donde noviembre no es el noveno mes, ni diciembre el décimo y 2025 es el año que vivimos a partir del nacimiento de un Dios que, hay que decir, no es el Dios de todos: Jesucristo. Antes de esta atropellada decisión las civilizaciones median el tiempo como se les daba la gana pero casi siempre desde el poder: "en el primer año del rey Nabucodonosor" ó "en los años de Dioclesiano", etc. Nuestra medición del tiempo actual, la decidieron unos monjes en Roma hace 2071 años cuando nosotros ni sabíamos que existía Roma ni los romanos y ya en el siglo XVI se estandarizó utilizar el gregoriano por el Papa ...

¿a dónde van a dar los cadáveres de las lavadoras?

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En la foto: restaurante "El Atracadero" que navegó solito, sin capitán ni tripulantes, desde Tuxpan hasta Alvarado en Veracruz. Foto de la web. ¿Se acuerdan que andaba yo hace un tiempo de promovedora de que recicláramos el último enjuague del agua de la lavadora? ... Pues ya se me chingó la lavadora porque juntaba ese famoso último enjuague "ahorrador" en un bote enorme y luego a cubetadas volvia a vaciar esa agua sobre una nueva carga de ropa mugrosa. Y un año y medio ay andábamos con el Chato oliendo a lo que huelen los perritos mojados por que la mera verdad la ropa no queda bien pero eso si muy ecologistas  y ahora hay que comprar una nueva lavadora y no estoy segura de haber ayudado al planeta. Voy a la lavandería de la esquina donde me entregan la ropa dobladita oliendo a suavitel que también dejé de usar porque el planeta. Mientras junto para una nueva lavadora ya no pienso reciclar y que se chingue el planeta que no creo que yo lo joda más que la Coca Cola ...

Prohibido morirse

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Tuve una época en que obsesivamente me tenía prohibido morirme. Por aquellos tiempos vivíamos en Puebla, una ciudad a la que nadie nos invitó y en la que nadie nos esperaba y aún así, fuimos. Mi hijo era chiquito e iba a la primaria. Yo no tenía ni trabajo, ni amigos, ni casa propia y entonces vivía en la angustia de que tenía que vivir con precaución porque qué tal que dejaba a mijo en la escuela y en el camino de regreso a mi casa algún poblano se estampaba conmigo y yo terminaba en un hospital y quién iba a recoger a mi hijo del colegio. O qué tal que deplano me moría y además de que quién iba a ir al colegio por él ese día cómo se iba a quedar mi hijo huérfano sin su mamá. Me daban crisis tipo de que ¿a quién pongo en mi celular de número de emergencia porque mis papás están a cinco horas de camino? Bien catastrófica yo pero es que de joven fui muy vividora de mis emociones lo cual era peligroso porque me podían desaforar las pasiones más desmedidas de amor del mismo modo que lo po...