To Be or Not to Be

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El día que mi mamá me sacó del colegio de las monjas para entrar a cuarto de primaria en una escuela pública donde dejaríamos ser hijas del verbo encarnado y convertirnos en Hijas del Ejército, a mi mamá lo que más le preocupaba era que mi hermana y yo dejáramos de aprender inglés. Hay que decir que con las monjas nos daban un inglés que a la distancia me parece muy rudimentario, pero si tomamos en cuenta que eran l os gloriosos y desglobalizados años ochentas, se entiende que no pasábamos del  What's your name?  y del  one, two, three, yellow, love, mother , chicken y en esas andábamos  cuando, ya de hijas del ejército, mi mamá nos empezó a mandar por las tardes al Instituto Norteamericano que estaba en el centro de Morelia y donde yo les puedo jurar que me hice más moreliana que la combi roja ruta 4 que era en la que nos subíamos con mi hermana para llegar a nuestras clases de inglés.  Yo tendría unos ocho o nueve años. Entonces no se robaban a las niñas y n...

Prohibido morirse





Tuve una época en que obsesivamente me tenía prohibido morirme.
Por aquellos tiempos vivíamos en Puebla, una ciudad a la que nadie nos invitó y en la que nadie nos esperaba y aún así, fuimos. Mi hijo era chiquito e iba a la primaria. Yo no tenía ni trabajo, ni amigos, ni casa propia y entonces vivía en la angustia de que tenía que vivir con precaución porque qué tal que dejaba a mijo en la escuela y en el camino de regreso a mi casa algún poblano se estampaba conmigo y yo terminaba en un hospital y quién iba a recoger a mi hijo del colegio. O qué tal que deplano me moría y además de que quién iba a ir al colegio por él ese día cómo se iba a quedar mi hijo huérfano sin su mamá. Me daban crisis tipo de que ¿a quién pongo en mi celular de número de emergencia porque mis papás están a cinco horas de camino?
Bien catastrófica yo pero es que de joven fui muy vividora de mis emociones lo cual era peligroso porque me podían desaforar las pasiones más desmedidas de amor del mismo modo que lo podían hacer las tristezas, las diversiones y varias veces de verdad quise morirme pero sucedió que un día lo tuve a él, a mi hijo y entonces mi principal prioridad fue no morirme y trabajar en mi y empezar a ubicarme y encontrarme en un punto equilibrado y ponerme a salvo para y por él. Y viví en Puebla, que fue mi Universidad de la vida, obsesionada con la idea de no morirme por favor porque no quiero dejar huérfano a mi hijo.
Hoy me acordé porque si bien este año ha sido un año muy jodido me doy cuenta que hace mucho yo ya no tengo ganas de morirme por loca, ni de no morirme por mi hijo y vivo la vida como va saliendo hoy y hoy hice algo que no hago comúnmente y me quedé a esperar al Cha de su clase de piano, me senté a leer y a lo lejos escuchaba la música que salía de sus dedillos adolescentes y me sentí profundamente dichosa.
Yo ahora practicamente sólo tengo menopausia.


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