To Be or Not to Be
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El domingo ya habíamos subido a los mezcales en la Hacienda Oponguio, cuando, de bajada mi mamá dijo: "ay yo de todos modos quiero ir con la señora por una corunda".
'La señora' es Emita Mejia Contreras. Tiene noventa años. Yo hago cuentas y saco que nació en 1936, en Oponguio 'por error', dice, porque su mamá vivía en Pátzcuaro y su papá en Oponguio. Su mamá, embarazada, vino en la lancha a visitar a su papá y aquí le tocó nacer, en lo que hoy es el Restaurante Casa Grande que atiende ella con su única hija.
Oponguio pertenece al Municipio de Erongarícuaro, un lugar que existe desde la época prehispánica que pertenecía a Tzintzuntzan, capital del Estado P'urhépecha, que -hay que decir- fue de las más poderosas del Posclásico, y a quien ni los mexicas, ni nadie, lograron conquistar.
Emita nació con Cárdenas, y no fue sino hasta 1939 que se hizo la carretera que conecta Pátzcuaro, Erongarícuaro y Quiroga. Antes de eso las comunicaciones eran por caminos de terracería o rutas de origen prehispánico de la ribera del Lago.
Oponguio representa una "geografía viva" en el sentido de que está ubicado a orillas del lago de Pátzcuaro y que, en aquellos tiempos -y en los que siguieron en el virreinato y todavía hasta bien entrado en siglo XX- la movilidad también era a través del lago. Oponguio era uno de estos 'nodos' -con Erongarícuaro, Quiroga o las islas- donde las rutas iban por el agua, conectando de una manera invisible con Pátzcuaro, que era el centro comercial mayor y el corazón donde llegaba todo para abastecer de productos agrícolas, pescado, maíz, frijol, leña etcétera.
Me gusta mucho imaginarme el lago con sus canoas llenas de víveres al amanecer en un comercio acuático y ancestral. El mercado flotante que fue el Lago de Pátzcuaro, que transportaba mercancías, pero también señoras embarazadas con historias. Con vida.
Por esto Emita nació aquí: porque era 1936 y ya no hubo tiempo de agarrar la lancha y regresar y nacer en Pátzcuaro.
Andábamos desambradas y solo pedimos taquitos de requesón y la corunda de mi mamá. Pedimos mezcal. Era temprano y éramos las únicas en el lugar. Vi las fotografías que están colgadas en la pared. Son fotografías de otra época que parece lejana, de los años 50's, probablemente, y me gusta que en ellas solo hay mujeres. En todas sale Emita, altota, guapa y me da la impresión de que, adelantada a su tiempo, era una mujer empoderada. Emita alimentando a sus gallinas. Emita hincada en el suelo amasando algo en el metate. Emita con otras mujeres con sus vestidos. Emita posando en un camión. Pregunté a las muchachas por ella y ante un 'orita sube' nos quedamos con mi mamá admirando la vista que da al lago, que desde allí es preciosa.
Cuando aparece Emita, se acerca caminando despacio:
-'¿Ya les dieron mezcal?'
Y nos abraza y nos besa con cercanía como si nos conociéramos de mucho tiempo. Mi mamá si viene a verla a ella aunque ella no lo sabe. Trae los labios pintados de rojo y luce un collar que le regaló su sobrina sobre una blusa, también roja.
- Estás muy guapa Emita, le digo yo.
Y me contesta:
- Noooo, si ya estoy kuchimiti.
Y para demostrarlo se pone a contarnos que el año pasado, el 8 de agosto, cumplió 90 años e hicieron una fiestota, con música que mandaron traer de Quiroga, y se puso a enlistar todo lo que trajeron de otros lados sus parientes para la fiesta.
Emita es una mujer muy lúcida. Es una mujer muy viva. Da alegría verla. Salta de un tema a otro con soltura. Nos cuenta que la foto donde están arriba del camión es en Quiroga.
- Era el único camión que iba a Morelia, y ese día salimos de aquí a las 6 de la mañana porque había desfile, y no sé cómo nos trepamos al camión y tomaron esa fotografía. ¿Vas a querer mezcal o no?'
- ¡Ándale pues!
- Así no se dice.
- Tos cómo se dice, Emita?
- Se dice: ¡me lo chingo!
- Ah, pos ¡me lo chingo!
La carcajada le sale entera mientras se levanta de la silla y se va caminando lentamente hacia el mueble donde guarda su mezcal. Yo hago el intento de levantarme para ayudarle y, sin voltear a mirarme, con un ademán de la mano ordena:
-Tú aquí quédate.
Cuando regresa nos platica la historia de sus hijos y de cómo le sobrevivió nomás su hija. Una historia triste. Se le llenan sus ojos de agua cuando consciente noto que espanta ese recuerdo y, al mismo tiempo, que alrededor van entrando más comensales. Nos informa que ahorita regresa y se va a trabajar, que significa repartir mezcalitos en ollitas de barro por las mesas de su restaurante donde inevitablemente se queda a platicar.
Es el alma de Oponguio, pienso, mientras la miro desde este lado de la ventana.
Y así, con paso lento pero seguro ella va y viene por las mesas repartiendo mezcalitos que acomoda en un plato de barro según sea el número de sus comensales.
La corunda de mi mamá estaba vieja y la dejó. Vino el Chato que es adolescente y se ha perdido la conversación que me hubiera gustado que presenciara y se zampó dos órdenes de taquitos de requesón. Otro día hay que venir nomás aquí le digo a mi mamá.
Y vamos a despedirnos de ella, que deja una mesa para encaminarnos.
- Juama putimukua
- ¿Qué significa, Emita?
- Dame un beso
Y mi mamá le da un beso en una mejilla y yo en la otra, y vuelve a soltar la carcajada. En la puerta de la entrada está un señor sentado en un banquito, tiene un canasto a sus pies. Vende pan y observa la escena.
- Mira cómo nos ve… va a decir que somos jotillas.
Y nos fuimos con el corazón contento. Ya no le dijimos nada de la corunda porque es irrelevante. De lejos vemos a la gran mujer en su Casa Grande que se mete a su cocina, Emita, la que con los puros ojos dice:
-A mí me gustó nacer en Oponguio.
Oponguio, Michoacán
Yo quiero ir !
ResponderEliminarAiloviu
ResponderEliminar💓
ResponderEliminarMuy buena crónica mi Mashi, nos encantaría echarnos unos mezcalitos allá en sus tierras. Abrazos!!
ResponderEliminarQué interesante historia primi, no conozco Oponguio, pero después de leer esta historia ya quiero conocerlo y conocer a Emita 😊
ResponderEliminarMe encantó tu crónica
ResponderEliminarLlévame a conocer Emita!!
ResponderEliminarMe encantan tus relatos. Me imagino perfecto todo lo que describes ✨
ResponderEliminarGracias por compartir, Edus. Oponguio siempre me lleva a la infancia, a mi primer novio que me enseñaba a manejar en esa carreterita desolada en aquellos 80s. Larga vida para Emmita y para ustedes.
ResponderEliminarDicen que hay buen mezcal de oponguio. La historia, para echarse un chapuzon y dejar que fluya la imaginación. Iré a probar el olor a historia,
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