To Be or Not to Be

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El día que mi mamá me sacó del colegio de las monjas para entrar a cuarto de primaria en una escuela pública donde dejaríamos ser hijas del verbo encarnado y convertirnos en Hijas del Ejército, a mi mamá lo que más le preocupaba era que mi hermana y yo dejáramos de aprender inglés. Hay que decir que con las monjas nos daban un inglés que a la distancia me parece muy rudimentario, pero si tomamos en cuenta que eran l os gloriosos y desglobalizados años ochentas, se entiende que no pasábamos del  What's your name?  y del  one, two, three, yellow, love, mother , chicken y en esas andábamos  cuando, ya de hijas del ejército, mi mamá nos empezó a mandar por las tardes al Instituto Norteamericano que estaba en el centro de Morelia y donde yo les puedo jurar que me hice más moreliana que la combi roja ruta 4 que era en la que nos subíamos con mi hermana para llegar a nuestras clases de inglés.  Yo tendría unos ocho o nueve años. Entonces no se robaban a las niñas y n...

Nos hemos hackeado a René Descartes




En los últimos días me ha llamado la atención que en todos los ámbitos se habla de las "narrativas": la narrativa del poder, la narrativa de la ultraderecha, la narrativa fascista, la narrativa de la generación z, la narrativa de los narc*s... todos cabemos en las famosas narrativas porque son la estructura que organiza cómo entendemos el mundo y nos dicen quiénes somos, qué celebramos, qué recordamos, qué decimos, si lo decimos. 

Yo nunca me había puesto a reflexionar sobre las "narrativas" desde el concepto como tal. Yo entendía la palabra narrativa en un contexto literario en forma de cuentos ó de novelas y su estructura que he aprendido con el tiempo no tanto en la teoría sino simplemente leyendo. 

En Historia, la narrativa histórica es la manera en qué se cuenta algo, por ejemplo la escena dramática por excelencia del mundo mexica- español que nos contaron desde niños en la primaria que nos pintaba a Cortés llorando bajo la lluvia en el ahuehuete y todos los ilusos niños mexicanos asistimos a esa historia triste triste donde Cortés y sus huestes derrotadas fueron expulsadas de Tenochtitlan en 1520. Esa historia del ahuehuete y de la lloradera la documentó Bernal Diaz del Castillo donde mostró al futuro héroe trágico completamente devastado porque pues era un héroe pero también era humano y por eso, lloraba. Algo así como los ricos también lloran pero en histórico.  

Hasta allí, todo bien, cada bando puede contar la historia como siente que la vivió o puede inventársela y contar lo que le dé la gana pero lo que les quiero yo preguntar es ¿en qué momento un país decide qué versión de sí mismo quiere contarle a sus niños donde a una derrota de Cortés le llama la "Noche Triste"?

Primero: si es que eso sucedió ni siquiera pasó en Popotla. Popotla y su ahuehuete es más una construcción simbólica que un hecho histórico comprobado. Las fuentes sólo nos arrojan el caos después de una batalla con muertos en medio de la lluvia y la desolación. Esa "narrativa" la construyeron los historiadores del siglo XIX cuando urgía crear símbolos identitarios que nos hicieran sentir bien mexicanísimos y me imagino al Lucas Alamán o al Manuel Orozco y Berra caminándose toda la México- Tacuba hasta que se hallaron el ahuehuete de Popotla para una escena trágica y moralizante que todos nos tragamos como bien triste tristísima durante décadas.     

Segundo: si querían construir identidad nacional, ¿por qué pinches triste? Si lo que querían era que pensáramos que en algún punto de ese complejo suceso llamado la Conquista de Tenochtitlan dijésemos: ay mira si perdimos pero tuvimos dignidad y hasta hicimos chillar al Cortés un día pero el titulo es "La Noche Triste". Eso podría explicar nuestra tradición cuando en los mundiales de fútbol entramos a un estadio extranjero vociferando "si se puede, si se puede" cuando pos ya sabemos de antemano y desde 1520 que no se va a poder. ¿Poooor? Pues porque así somos de Contreras nosotros los mexicanos y porque como dijo la Chimoltrufia: "como digo una cosa, digo otra.. pues es como todo, hay cosas que ni qué, ¿tengo o no tengo razón?".   

Todo esto se los cuento porque que llorase es narrativa. El árbol de Popotla es un símbolo, una metáfora, no una prueba y bueno en ese árbol histórico historiquísimo, un día de 1981 un borrachito - o varios- fue y se hizo una fogata porque pos tenía frío y en las noticias todos se desgarraron las vestiduras porque qué barbaridad acabar con el árbol de la Noche Triste por una borrachera!

Entonces vemos que las narrativas han cambiado a lo largo del tiempo para bien, pero también para mal. Con los sucesos históricos es muy emocionante "deconstruir" todos esos símbolos llamados Niños Héroes, el grito de Dolores, Hidalgo o con la historia que quieran. "Deconstruir" es otra de las palabritas que están de súper moda pero con eso no nos vamos a meter -hoy- . 

Entonces, yo, historiadora, con el tiempo aprendí que no es la misma cosa leer a Enrique Krauze bien institucionali-soso que a Carlos Monsiváis crítico del poder porque al final como decía Descartes desde el siglo XVII, somos res cogitans o sea, seres pensantes con nuestra mente, nuestra conciencia y nuestro pensamiento que es lo que nos hace seres con una identidad individual, por eso lo de "pienso, luego existo". 

La esencia del res cogitans de Descartes, es la capacidad de pensar por nosotros mismos y la razón como fundamento de todo. 

Y aquí es donde comienza el pedo porque, en la actualidad, siglo XXI: ¿qué significa "pensar" hoy? ¿pensamos? ¿razonamos? o más bien, ¿desde dónde pensamos y razonamos? ¿qué nos hace pensar lo que pensamos? ¿quién nos influye para pensar lo que somos? 

Descartes fue un paradigma porque bateó el canon escolástico que respondía a todas las preguntas inexplicables con Dios para decir que la verdad es la "hija de la razón". Ok ok Renecito, pero cuatro siglos después le preguntaría yo a Descartes: ¿cuál razón? ¿cual verdad? ¡es que hay tantas! 

Descartes decía que había que dudar de todo porque eso significaba que pensábamos y que de lo único que no podíamos dudar es de nuestra existencia. Todo esto ahora mismo siglos después, me parece, otra vez, revolucionario porque entonces en nuestro contexto, la narrativa no sólo es la historia sino un complejo marco interpretativo, o sea: ¿cómo explicamos lo que vemos, lo que creemos y hasta lo que sentimos? 

Para explicar lo que sea, las narrativas son clave porque moldean a la opinión pública a lo que hay que agregar el tema de las redes sociales y el hecho de que nuestro pensamiento está enchufado a un celular (que aún debemos a telcel a 36 mensualidades). Además está el algoritmo que te lee y sabe cuál es tu postura en 30 segundos y en 30 segundos tu algoritmo sabe la nube a la que quieres treparte y por la que andamos por la vida bien agusto. Debo decir que a mi me gusta mucho mi algoritmo porque no me saca de mi zona de confort de pensamiento e ideología en la que por supuesto creo tener la razón. 

Nuestra vida mexicana tiene muchos años polarizada, el mismo mundo está bien polarizado con humanos que aferrada y neciamente creeemos tener la razón. Ya decía Julio César, Maquiavelo y Napoleón que "divide y vencerás" y vivimos entre fake news y las narrativas según estés de un lado o del otro. Izquierda o derecha. Sur o Norte. Abajo o arriba. Bots pagados a modo o personas reales que sienten y piensan pero ¿cómo diferenciar? ¿cómo volver a ser pensantes? ¿cómo abandonar toda esta opinadera sin reflexión?

Aquí conviene hablar de otro concepto: la postverdad y una diría: no manches si apenas podemos discernir en este mundo lleno de noticias 24/7 qué es la verdad, quésesooooo?

La postverdad se come con emociones y mi algoritmo que me tiene bien estudiada y bien contenta y aunque sea un robot sabe qué siento y qué quiero y hasta si estoy gorda. En este caso no es que la "verdad" desaparezca sino que la verdad pierde peso ante lo que me indigna, lo que me da esperanza, lo que ya creia antes y lo que me refuerza a mi frente a los otros, que hay que decirlo, también tienen la razón y su verdad. 

La postverdad se difunde masivamente por las redes sociales de manera rápida, eficaz, democrática y sin ningún filtro y sólo nos muestra lo que coindide con nuestra postura y nos mantiene intactos en nuestra burbuja excepto cuando los comerciales son todos de productos para adelgazar porque ya saben que estoy menopaúsica -y gorda -. La narrativa que genera mi teléfono es que yo siento que es cierto que estoy gorda aunque eso no sea cierto. 

Le quedamos a deber al Renecito del siglo XVII porque ahora todos tenemos la pinches razón. La razón está en crisis y no por falta de datos sino porque sobran narrativas. Retrocediendo en el método cientifico a mil por segundo donde hay personas que afirman que la tierra es plana, regresando al siglo XVII -pero con iphone- donde los filósofos se cuestionaban sobre qué es real, qué es verdad, qué es científico y qué no. Y vámonos mejor a la Edad Media y ya que mejor Diosito nos agarre confesados antes de que el 3I/Atlas se estampe con el planeta Tierra, claro, si siquiera eso es verdad. ¿Quién lo sabe? ¿la NASA? ¿Estados Unidos? ¿El premio Nobel? ¿Rusia?. 

Vivimos en una crisis de pensamiento donde un debate ni siquiera puede ser basado en evidencia porque ¿cuál evidencia? ¿Qué es información?, ¿qué es propaganda?, ¿qué es manipulación? 

Si los periódicos impresos aún fueran importantes un titular sería: Han desprestigiado a la verdad ó Han hackeado la res cogitans de Descartes donde no somos seres racionales capaces de dudar de nuestro algoritmo o de lo que sea, de distinguir y fundamentar un pensamiento claro que nos acerque a la verdad por medio de un método, de una evidencia, de la claridad que nos da adentrarnos en el conocimiento y que luego llegue alguien y lo refute con pruebas. 

No podemos seguir viviendo adentro de lo que un sistema decide qué quiere que pensemos -a meses sin intereses-  donde la emoción pesa más que la razón, donde la identidad pesa más que la evidencia, donde la narrativa pesa más que los hechos. 

Pienso luego existo: bajemos todo esto al mundo terrenal ¿cuál es la narrativa de nuestra vida?  ¿Cómo nos narramos ante los demás?, ¿cómo nos narramos a nosotros mismos?...  ¡está bien pelao!

Yo no quiero tener la razón, no quiero vivir en una época donde la verdad es irrelevante, no quiero vivir en el país de todos chinguen a su madre, no quiero ser omisa, no quiero que mi narrativa sea construida por un algoritmo que ni siquiera sé quién diseñó y con qué fines. Pensar más allá de los likes. Pensar con voluntad. Pensar como si de verdad importara. 

Me gustaría algún día poder militar simplemente en la vida y vivir en el país donde veo por Facebook que han conseguido una sierra eléctrica para los muchachos del taller de carpintería de la escuela de Xanari. Pero claro, ¡es mi algoritmo! 






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