To Be or Not to Be

Imagen
El día que mi mamá me sacó del colegio de las monjas para entrar a cuarto de primaria en una escuela pública donde dejaríamos ser hijas del verbo encarnado y convertirnos en Hijas del Ejército, a mi mamá lo que más le preocupaba era que mi hermana y yo dejáramos de aprender inglés. Hay que decir que con las monjas nos daban un inglés que a la distancia me parece muy rudimentario, pero si tomamos en cuenta que eran l os gloriosos y desglobalizados años ochentas, se entiende que no pasábamos del  What's your name?  y del  one, two, three, yellow, love, mother , chicken y en esas andábamos  cuando, ya de hijas del ejército, mi mamá nos empezó a mandar por las tardes al Instituto Norteamericano que estaba en el centro de Morelia y donde yo les puedo jurar que me hice más moreliana que la combi roja ruta 4 que era en la que nos subíamos con mi hermana para llegar a nuestras clases de inglés.  Yo tendría unos ocho o nueve años. Entonces no se robaban a las niñas y n...

Nuestro piano cadáver

 







El sueño de Juan era un piano "de verdad", "de los grandes mamá", me decia desde los 6 años.

Él tuvo uno de los portátiles que le trajeron una vez los Reyes Magos hasta que literalmente se lo acabó y aún así ocupó lugar en la mudanza de Puebla a Morelia porque no se quería deshacer de él.
Recién llegados a Morelia se le hizo al Juan tener un piano de verdad cuando nos vendieron uno usado y mandamos por él y lo trajeron y con mucho trabajo lo subieron a nuestra casa. Porque los pianos de verdad pesan un montón! Quesque nomás le faltaba una afinada, nos dijeron.
Y entonces mandamos traer al afinador y el afinador que es un señor ya mayor y al parecer el único afinador en la región, "el Maestro" como se hace llamar, llegó un día y lentamente lo abrió, lo inspeccionó con instrumentos que nunca antes habíamos visto que se me imaginó como los pediatras revisan a los niños: despacito y con cuidado.
El veredicto: había que llevarse el piano otra vez porque se te ia que restaurar de adentro con una lista de cosas que no me aprendí los nombres pero que es lo que tienen adentro los pianos.
Y un año el "piano de verdad" fue nuestro adorno más bonito, inservible y caro de nuestra casa. Y a nuestro piano que estaba triste, le pusimos encima: flores, una maceta y un autorretrato de Juan cuando era pequeño y se dibujaba.
Y ya hoy vinieron por él porque Santa Clos se puso guapo para pagar el cuentonón que va a salir que sea más que el elefante blanco de nuestra casa.
Yo le tengo tantita tirria al piano por la historia y porque hoy que lo llevaban de salida mi vecina Cynthia pensó, muy asustada, que alguien de nuestro edificio había muerto.
Señores de funeraria con ataúd. (Lo cancelo, lo cancelo, lo cancelo)
Piano cadáver. (Mejor)
Parece broma. No lo es.
Yo sólo deseo que el año que entra Juan pueda por fin tener su piano de verdad ya resucitado ❤

Comentarios

Entradas populares de este blog

Cuando el lago decide

Yo prefiero ser circular

To Be or Not to Be