To Be or Not to Be

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El día que mi mamá me sacó del colegio de las monjas para entrar a cuarto de primaria en una escuela pública donde dejaríamos ser hijas del verbo encarnado y convertirnos en Hijas del Ejército, a mi mamá lo que más le preocupaba era que mi hermana y yo dejáramos de aprender inglés. Hay que decir que con las monjas nos daban un inglés que a la distancia me parece muy rudimentario, pero si tomamos en cuenta que eran l os gloriosos y desglobalizados años ochentas, se entiende que no pasábamos del  What's your name?  y del  one, two, three, yellow, love, mother , chicken y en esas andábamos  cuando, ya de hijas del ejército, mi mamá nos empezó a mandar por las tardes al Instituto Norteamericano que estaba en el centro de Morelia y donde yo les puedo jurar que me hice más moreliana que la combi roja ruta 4 que era en la que nos subíamos con mi hermana para llegar a nuestras clases de inglés.  Yo tendría unos ocho o nueve años. Entonces no se robaban a las niñas y n...

De la serie de joyas antiguas michoacanas: Araró




El otro dia me habla mi mamá y me dice que 'tiene frío en la espalda' y que vamos a Araró a las aguas termales. Como son vacaciones, me alisté pronto y nos fuimos. 

Yo nunca había ido a Araró. 

Araró me sonaba de mis épocas de estudiante en que yo, muy joven, me iba a la biblioteca del Museo Regional a leer una Relación de Michoacán que allí tenían de Fimax Publicistas. En ella, fray Jerónimo de Alcalá decía que Araró era el lugar desde donde la diosa Cueravaperi tenía una "fuente" de aguas termales desde donde ella preparaba las nubes para enviarlas con lluvia, a su mundo purépecha. 


La diosa Cuerauaperi ó Cueravaperi, en la cosmogonía purepecha era la madre de todos los dioses: “Tenía sus cúes (templos) en el pueblo de Araró y otros pueblos, y su ídolo principal en un cu que está en el pueblo de Cinapecuaro, encima de un cerro donde parece hoy en día derribado”. 


Como pueden ya estarse dando cuenta, ella básicamente cumplía las funciones de Tláloc en estas latitudes: se encargaba de hacer llover, de las buenas cosechas de maíz y por tanto también de ella dependia que hubiesen sequías y hambrunas. Fue ella fue quien mandó a los demás dioses con semillas a vivir a la tierra y pus había que tenerla contenta para que no se enojara con lo de las hambrunas. Su hija era Xaratanga que veía por los pescadores y a ambas se les temía mucho por aquello de que escondiera los peces una o que mandara sequías la otra y existieron, según nuestro cronista del siglo XVI que documentó todo esto, ceremonias y rituales que desde nuestro tiempo, parecen terribles. Para ello, existía, un templo dedicado a Cuerauaperi que se encontraba ubicado en el actual Zinapécuaro en un lugar que hipotéticamente hoy se conoce como El Pedrillo (y que fue destruido por los españoles) así como la fuente de aguas termales a la orilla de un cerro donde se llevaban a cabo sacrificios humanos, les cito a Alcalá:

"... y en ella se echaban los corazones de los sacrificados en Zinapequaro durante la fiesta de Sicuindiro. En las otras fuentes, dedicadas a otros dioses, también se echaba sangre. Se creía que Cuerauaperi enviaba del oriente las nubes que hacían llover, las cuales se pensaba que salían de las fuentes de Araro, debido al vapor que exhalan, y por eso echaban la sangre en ellas."


 Sobre la fiesta de Sicuindiro, nuestro cronista continúa:


"Y bailaban éstos allí con los otros y otros cuatro sacerdotes que representaban otros dioses que estaban con la dicha Cueráuaperi. Y sacrificaban los dichos esclavos y, en sacando los corazones, hacían sus ceremonias con ellos, y así calientes como estaban los llevaban a las fuentes calientes del pueblo de Araró desde el pueblo de Çinápecuaro y echábanlos en una fuente caliente pequeña y atapábanlos con tablas […] y aquellas fuentes echan vaho de sí, y decían que de allí salían las nubes para llover y que las tenía en cargo esta dicha Cueráuaperi y que ella las enviaba de oriente [...]"


Araró es pues, un lugar muy antiguo y para llegar hay que pasar Zinapécuaro y bajar por la Cañada entre huizaches, nopaleras, pirules y mezquites y cuando uno va bajando puede ver de frente el lago de Cuitzeo que en ésta época en que si tiene agua, luce espectacular. Llama mi atención la presencia de muchos hoteles en medio de un pueblo en el que no se nota mucho movimiento. ¿Porqué habrá tantos hoteles tú? le digo a mi mamá que tiene tos. Ella, que ya ha ido varias veces, me dice: 'yo creo es por el cristo que tienen aquí que dicen pues que es muy milagroso, mira párate alli y vamos para que lo veas.' Obedezco y me estaciono en la plaza por donde transitan familias foráneas vacacionistas de las aguas termales. A la entrada del Santuario del siglo XVIII del que ahora sé que llaman 'El Señor de Araró' se anuncia que está prohibida la entrada de personas en short y chanclas que es exactamente como vamos vestidos todos los que pasamos por allí. El aviso, que está repetido dos veces antes de entrar parece para analfabetas: nadie lo pela. Y yo, que si lo leí las dos veces pos me da pena meterme así. Y cuando entro nomás para asomarme tantito me invade una energía inenarrable de los lugares a los que la gente va a depositar deseos o milagros o peticiones con muchísima fe. Me siento hasta a atrás en la entrada con mi short y mi mamá se va tierra adentro del templo.  Alli mismo me pongo a buscar por qué estoy sintiendo la piel chinita y entonces me entero del Señor de Araró.


En una época muy temprana a la colonización encontramos a Araró bajo la encomienda de Gonzalo de Riobó desde 1528 y ya para mediados del s. XVI están allí erigidos los conventos franciscanos de las poblaciones vecinas de Tzinapécuaro y Acámbaro y otro agustino en Ucareo. Casi al unísono de los de Pátzcuaro y Uruapan, que como bien saben, se edificaron en las zonas que se consideraron geopolíticamente más importantes. Esta zona donde se encuentra Araró podría considerarse una "puerta" que bajaba hacia territorio purépecha o que subía hacia la zona chichimeca de territorios septentrionales, desconocidos y salvajes o hacia las tierras mexicas que como ustedes saben, se caían gordísimos. Hay que señalar que se construyesen dos conventos tan cercanos uno de otro como son el que está en Zinapécuaro y el de Acámbaro (20 km aprox.) pero le da un poco de sentido el hecho que desde 1535, se relata en un libro en el que se capturaban los tributos a la Corona con que Araró proporcionaba, cada 20 días, por ejemplo: "30 tamemes de sal y 30 tamemes de pescado" así como maíz, frijol, etcétera. Esta sal era muy valorada durante el periodo colonial para usarse en las minas de plata o para uso humano y aún el día de hoy venden sal en una de las tiendas de la plaza que elaboran a la usanza prehispánica. 


Y es en este contexto en que surge este señor milagroso de Araró. En la página de la arquidiócesis de Morelia se refieren a él como "una devoción muy querida" y según las fuentes una noche los monjes destruyeron la imagen de Cuerapaueri para cambiarla por una imagen cristiana - que no sabemos cual es- pero que  fue reemplazada al poco tiempo por la que encontramos allí actualmente y que fue traída de Pátzcuaro en el s. XVI elaborada con la técnica purépecha de “pasta de caña de maíz, Tatzingueni” (se muele tallo de maíz y bulbos de orquidea) que promovió Vasco de Quiroga por lo que se sugiere que fue hecha por Matías de la Cerda a quien mandase traer de España don Vasco para aprender y adecuar dicha técnica la cual se popularizó durante el virreinto para las imágenes religiosas. De la Cerda era una especie de Da Vinci de las vírgenes y los cristos con los que se evangelizó por estas tierras y en su currículo encontramos a los cristos más milagrosos de México como el de Chalma. 


En esta parroquia, se reúnen miles de devotos cada año, el segundo viernes de cuaresma a venerar la "sagrada imagen del Soberano Señor de Araró” el cual después se llevan a Zinapécuaro donde se queda 50 días. Todo esto y yo en chanclas y con short y con vergüenza de hacerme la que no vi que no puedo entrar así. 


He de volver. Mi mamá me dice que Dios me va a tomar en cuenta que no me metiese así a verlo de cerquita y yo, con eso en mente procedimos a sentarnos en el quicio de una ventana de una tienda a tomarnos una cerveza. Mi mamá ya no tiene tos y está contenta. 


Los balnearios están después de una brecha que es donde están los que llaman "hervideros" donde están los brotes de agua azufrosa que de algún modo -que no pregunté- logran poner en albercas a 38°  y allí ve uno a los vacacionistas muy chapeados y apaciguados sentados en las orillas de la alberca. No hay nadie nadando ni echando desmadre, sólo personas sentadas, en su mayoría adultas, que miran al infinito o platican en voz bajita. Probablemente enfermos. Mi mamá se mete hasta quedar colorada. Para cuando sale ya platicó con una chica de ojos muy bonitos que le dice que a ella solo estas aguas le quitaron un dolor que tenia en la panza y le dice que hay otro lugar más privado al otro lado de las vías del tren del que nos aprendemos las coordenadas. 


Cuando salimos, ya ella desenfriada de su pecho, nos internamos por los caminos huizacheros de Araró hasta que encontramos los 'manantiales curativos ' y allí lo que hay son literal cuartitos con pequeñas albercas donde va corriendo el agua termal que ahora sé que tiene Boro y otros minerales que no me sé. A una chica muy amable  que me ha permitido entrar de chismosa a solo ver y meterme en todos los cuartitos vacíos, le digo que muchas gracias y que a la siguiente que vaya por allá,  por allí la veo.

 Click. 

Cierro el viaje con el lago de Cuitzeo de fondo con todo verde alrededor.

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