To Be or Not to Be

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El día que mi mamá me sacó del colegio de las monjas para entrar a cuarto de primaria en una escuela pública donde dejaríamos ser hijas del verbo encarnado y convertirnos en Hijas del Ejército, a mi mamá lo que más le preocupaba era que mi hermana y yo dejáramos de aprender inglés. Hay que decir que con las monjas nos daban un inglés que a la distancia me parece muy rudimentario, pero si tomamos en cuenta que eran l os gloriosos y desglobalizados años ochentas, se entiende que no pasábamos del  What's your name?  y del  one, two, three, yellow, love, mother , chicken y en esas andábamos  cuando, ya de hijas del ejército, mi mamá nos empezó a mandar por las tardes al Instituto Norteamericano que estaba en el centro de Morelia y donde yo les puedo jurar que me hice más moreliana que la combi roja ruta 4 que era en la que nos subíamos con mi hermana para llegar a nuestras clases de inglés.  Yo tendría unos ocho o nueve años. Entonces no se robaban a las niñas y n...

Los niñitos de Tláloc




Y cuando desperté, estaba lloviendo.

Hay tantas cosas que da uno por hechas y que no lo son. Como esto: que llueva. 

Y entonces tuve que detener, por un instante, la corredera habitual matutina sólo para admirar desde mi ventana ver llover y sentirme agradecida de esto: que llueva. Imaginarme los cerros que tengo aquí enfrente amarillos de tanto calor, contentos del agua  (porque tenían sed). 

Lo que queda de mi parte de historiadora, se puso a buscar las sequías que hemos vivido en México y para mi sorpresa han sido tantas que parecería que estoy justificando que no somos una plaga humana horrible que se ha acabado el planeta. Y entonces apareció ante mi Tláloc, si Tláloc, el Dios de la lluvia, el que en el poema de Efraín Huerta dice que a veces se cansa de ser Dios y de ser él llueve y llueve:

Sucede
Que me canso
De ser dios
Sucede
Que me canso
De llover
Sobre mojado

Sucede
Que aquí
Nada sucede
Sino la lluvia
lluvia
lluvia
lluvia



En el periodo colonial, que duró tres siglos, se registraron 75 periodos de sequía. La más grave fue hacia 1785 que arrastró a la economía a un periodo de crisis inflacionaria que se prolongó 20 años y que tuvo como consecuencia, entre otras cuestiones sobre todo políticas, la independencia de México. 

En el pobre siglo XIX donde no nos organizábamos debido a pugnas entre liberales y conservadores se cuentan 39 periodos de sequía que no ayudaron para nada a la consolidación nacional porque la gente pus tenía hambre y con hambre ¿quién tiene ganas de construir un país? 

Pero antes, en el México mesoamericano, no tenemos manera de saber con exactitud debido a las fuentes históricas con las que contamos, qué pasaba con las sequías pero me encontré en la revista de Arqueología Mexicana, con un artículo del arqueólogo Leonardo López Luján que nos habla de cuando hicieron una excavación en 1980 en el Templo Mayor de Tenochtitlan.
Los arqueólogos generalmente se encuentran con chismes muy buenos, lo malo es que te atropellan con términos con los que uno se pierde como: "basamentos piramidales a base de estuco", "en el sector noreste se encontró una subestructura", "plataformas rectangulares" ó "adosada con una figura antropomorfa", "diámetro transverso mixto" que hacen que uno no disfrute bien el chisme pero si tienes paciencia y traduces el suceso a cristiano, te suceden cosas reveladoras como las que les voy a intepretar, a lo mejor mal. 

 Bueno, en la "Ofrenda 48" del Templo Mayor que le tocó explorar a este señor López Luján en los 80´s (cuando había presupuesto para estas cosas del México Antiguo), está dedicada a Tláloc y sus tlaloques donde se encontraron una "caja" de piedra. Esa caja que en realidad me imagino es un cubo de piedra, un poco destruida porque los españoles le pusieron un edificio encima, fue motivo de un ritual a Tláloc en 1454 donde se encontraron: arena  marina de color gris, 42 cadáveres de niños con situaciones peculiares como que 5 de ellos tenían una piedra verde adentro de la boca, otros estaban  pintados de color azul, la mayoría de ellos niñitos anémicos, algunos con deformaciones craneales (cráneos alargados en sentido vertical)... que murieron degollados. También había: caracolitos, una concha, copal y 11 jarras con el rostro de Tláloc. 

¿Ustedes saben cómo era Tláloc?

Tláloc se representó iconográficamente de muchas maneras, pero en la mayoría coinciden: sus dos "orejeras" alrededor de los ojos que a nosotros desde la actualidad nos parecen unos lentes redondos de aviador de los años 30´s pero que en realidad son dos serpientes,o al menos eso dicen los que si saben, su gorro de papel que son las montañas, sus bigoteras que son torbellinos, con rayos en una mano, copal en su morralito, con su capa, sus sandalias y siempre personificado en color azul. A veces su imagen aparece con su chaleco de lluvia y  "rayos y centellas que anteceden la lluvia" dice Arturo Montero que es mi arqueoastrónomo favorito. Y a mí me encanta Tláloc. 

Tláloc fue uno de los dioses más antiguos y es un Dios al que encontramos en casi todas las culturas mesoamericanas porque al estar relacionado con el agua y las cosechas, desde que los primeros hombres mexicanos domesticaron el maíz hace miles de años, para ser más exactos: diez mil allá por Oaxaca frontera con Puebla pues se pusieron a pedirle que fuera bueno con sus cultivos en una época en la que la gente se conectaba con la naturaleza y no a un enchufe como ahora, en un tiempo en que no había teléfonos ni tik tok y se ponían a ver su facebook que era el mismísimo cielo, y las montañas y los lagos y ríos en una franca comunicación con la naturaleza. 
En cuanto se dieron cuenta estos hombres de los ciclos astronómicos y de las estaciones, bien pronto hicieron su ritual anual a su Dios Tláloc para que les hiciera el paro. Y sí, júzguenlo por ustedes mismos: le ofrecían dos o tres niñitos al año. Estos niños tenían que ser de corta edad (menos de 8 años) y tener dos remolinos en la cabeza. A estos niños o se les degollaba con un cuchillo de pedernal, o se les extraía el corazón, se les ahogaba (por aquello del agua), o se les metía en cuevas tapiadas a que murieran de inanición. 
Estos sacrificios se llevaban a cabo en diversos escenarios como islotes, cerros o cuerpos de agua. Los mejores ejemplos en la Cuenca de México son: el lago de Texcoco o el Monte Tláloc donde hay evidencia arqueológica de estas ceremonias. Luego procedían a arrojarlos en cavernas, cañadas, en el remolino de Pantitlán o se les cocía y los ingerían en la misma ceremonia. Si, regrésense y vuélvanle a leer: se los comían. También los sepultaban en "cajas de piedra" como la que se encontró nuestro arqueólogo López Luján. 

En el camino al sacrificio en cualquiera de sus versiones, si los niños lloraban, que no dudo ni tantito que así fuera, eso era un buen presagio porque las lágrimas de estas criaturas, auguraban buenos temporales. Cito a Sahagún: 

"Cuando llevaban a los niños a matar, si lloraban y echaban muchas lágrimas, alegrábanse los que los llevaban porque tomaban pronósticos de que habían de tener muchas aguas ese año."

Imaginarme todo esto me hiela la sangre. (Pero ahora también hacemos cosas horribles como detenernos en un oxxo y comprarnos sin el más mínimo empacho,una coca cola que sea light para la que se utilizan aproximadamente 34 litros de agua -que se roban- para elaborarla y bueno no se compara con sacrificar infantes. Muy mala mi comparación!). 

Tláloc, tenía sus "ministros" que eran los Tlaloques, con los que se "ayudaba" en el arte de "hacer llover". Eran una especie de ayudantes a los que mandaba literal, a regar. Estos Tlaloques estaban en un aposento de 4 cuartos para cada uno de ellos, en el primero estaba el que traía buenas lluvias para las semillas, el segundo era malcriadillo y aventaba lluvias de más con inundaciones que arruinaban las cosechas, el tercero era el que mandaba las heladas que echaban a perder toda la producción y el cuarto no lo entiendo muy bien por que dice que "llueve y no granan y se secan", que traduzco en que era pichicatero, o sea: si mandaba lluvia, pero poca.  Y estos Tlaloques eran a los que representaban nuestros pobres niños mesoamericanos sacrificados. 

En el templo Mayor, se encontraron los cadáveres de 42 infantes menores de 7 años, lo que lo hace masivo y atípico, y ¿por qué creen que se pusieron histéricos en el año 1 conejo (1454)? Pues porque primero les cayó la nieve hasta la rodilla y cuando se derritió la nieve una plaga de chapulines después. Chimalpain (quien ya en el siglo XVI era inclusivo) nos relata: 

"Fueron muriendo el muchacho, la muchacha, ciertamente se les hizo el cuerpo como de viejo porque se fue arrugando la carne del que era mozo, de la que era moza, pues fue muy fuerte la hambruna" .

Ayer, en diversos puntos de la República Tláloc nos hizo el favor, y en Twitter es tendencia: #graciasTláloc y #estálloviendo con personas que como yo, estamos extasiadas y como si fuéramos raíces, agradecemos que caiga la lluvia. Un usuario comenta: "Gracias Tláloc por no abandonar a tu raza" y coincido con él, hasta en lo de "raza" aunque no hagamos nada para invocarlo más que estar allí en el celular leyendo los agradecimientos como si Tláloc tuviera celular y Twitter. 

Incoherencias del mundo moderno. 

Yo sólo espero que, como sea que sea, que Tláloc no se canse de ser Dios. 
Que no se canse de llover sobre mojado. 
Que no se aburra de que suceda la lluvia. 


















Comentarios

  1. Muchísimas Gracias sobrina te admiro mucho y si hay que adorar al Dios Tlaloc para que nos mande mucha lluvia

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