Estoy aquí viendo el desmadre de mi cocina que ahora mismo no voy a levantar.
No me acostumbro a la poca privacidad que se tiene en una
vivienda vertical en la que uno se topa constantemente con los vecinos, que no siempre son amables. Uno de ellos, al que he visto una vez y que vive varios pisos más arriba, se queja, eso si muy civilizada pero constantemente en el
chat de vecinos, del olor a cigarro y se dedica a pegar carteles antitabaco en el elevador que alguien quita y él vuelve a poner.
Yo fumo pero el hombre éste no se queja de mí, se queja del de abajo o del de arriba que no soy yo pero de todos modos pues me incomoda y cada que me prendo un cigarrito en la comodidad de mi hogar me lo fumo con estrés porque me acuerdo que dicen en el chat cosas como que "hay que dar con los irresponsables que fuman". A lo que yo digo: si estoy adentro de mi casa pos yo veré lo que hago de la puerta para adentro, ¿o no?. Que antes digan que no fumo mariguana porque alli si estaría más duro el debate chatistico, ¿a poco no?
O peor se las cuento: como mi ex vecino del
Pedregal de nombre
Waldo que vivía abajo de mi primer depa en México que era
esquizofrénico.
No es broma.
Waldo era o es esquizofrénico y me hizo ver mi suerte en el año y medio en que fui su vecina y su obsesión.
Cuando llegué al entonces DF me renté un departamento con el que yo me sentía que vivía en Londres: amplios jardines bien cuidados, cientos de árboles frondosos, los edificios eran de ladrillo rojo con hermosos techos verdes. Primer mundo metropolitano y yo: soñada hasta que Waldo nos hizo el favor de hacer su aparición.
Él vivía abajo de mi y cuando yo llegué traía un coche muy elegante con placas de
Michoacán cuando las cosas en Michoacán nos daban la nota roja todos los días en primera plana con personajes sin cabeza en los bares y puentes peatonales de
Uruapan. Corrian los tiempos en que en bastaba que una dijera que era de Michoacán para que te vieran de lejitos y con cara de entre ay qué horror y ay que miedo!
Entonces fue que Waldo empezó a dar sus primeros indicios y a las tres de la mañana en punto emitia tres ruidos contundentes en su techo, o sea en mi piso, con lo que parecía ser un mazo. Tres veces: Pum. Pum. Pum. Yo brincaba de la cama exaltada ¿pero qué pasa?
Pero luego empezó a hacerlo a cualquier hora y si yo llevaba gente de la oficina a comer a la casa lo hacia sobre su techo del comedor que nos ponía a temblar la sopa porque se cimbraban literal todos los ladrillos del edificio.
Si estábamos los viernes en la sala con los amigos, sobre la sala: PUM. PUM. -agarraba aire- PUM.
Luego le dio por ponerme serenata y en cuanto yo abría la puerta de mi casa me ponia su playlist favorito que cuando por error escucho, me enchina la piel. Todo el mundo de aquella época se echó las canciones de
AC/DC a todo volumen. Para entonces hasta nos reíamos, Naty me decia: "serenata rock" y se ponia en posición de guitarra eléctrica en mano porque duraba lo que yo tardaba en la casa en comer. En cuanto salia, la quitaba el 'retal'.
Dejó de darnos risa cuando me mandó a los de la PGR, quesque por acopio de armas -eso lo supe después- e imagínense a Tina abriéndoles la puerta a los judas a los que casi les ofrece un taco porque Tina siempre tenia comida para quien llegara y ese día antes de irme me dijo: ay señora se me olvidó decirle que hace rato la vinieron a buscar de la Delegación. En la oficina pregunté por qué razón a uno lo iban a buscar los inspectores de la Delegación y nadie me supo dar razón. Cuando en la noche pregunté en caseta me dijeron: no señora de la Delegación no, de la Procu, vinieron de la Procu, en dos coches. Dos stratus blancos. Y yo me fui con cara muy inquieta de ¿y por qué te buscan de la Procu?
Lo dejé pasar cuando no volvieron a buscarme.
Empezó a darme susto cuando después fue a mi trabajo y allí se plantaba en el área de quejas con su oficio que contenia las pruebas con mis fotos donde decía que en en esa oficina tenían trabajando a una secuestradora: o sea yo.
A mi jefe le llamaba el jefe de la otra oficina para decir que qué onda conmigo?, que quién era yo?, que ya estaba alli el señor 'desequilibrado' y que cada día le subía más de tono a sus escándalos. Mi jefe se reía y le decia que no me notaba a mi nada raro y riéndose le decia que mi única excentricidad era que como yo era michoacana pues que llegaba yo en helicóptero a la oficina y que lo tenia que estacionar en el Estacionamiento del Six Flags porque en el edificio nuestro pos no cabía.
Hasta que Waldo los puso hasta el copete y que me manda llamar el *jefe jefe* y allí toda nerviosa me dijo que no me preocupara pero que tenia que cambiarme de casa pero ya, hizo énfasis en que Waldo vivía en su casa y que alli el hacia lo que se le diera su gana, que sus facultades mentales eran dudosas y que estábamos en riesgo "tu hijito y tú" -dijo-. Allí fue que me cayeron ochenta mil veintes del comportamiento de Waldo y salí de allí con las piernas temblando arriba de mis tacones.
Él me dio un folder con la colección de quejas del Waldo donde salía yo fotografiada en todas las versiones que una pueda tener, también mis amigos estaban fotografiados, a mi sobrino Oscarito le puso la foto y le cambió la nacionalidad y la profesión "mafioso argentino internacional" se leía en el pie de foto, de tal modo que Walter escuchaba la música de flamenco que ponía mi papá y fantaseaba con que me reunía con capos de la mafia extranjera.
Según el mundo de Waldo, la
Reina del Sur me quedaba corta con mis placas michoacanas y mi Audi.
Después vimos que en todas sus ventanas, tres atrás que daban al estacionamiento y dos al frente, él tenia pequeñas cámaras con las que llevaba a cabo su minuciosa investigación 24/7: atrás en forma de una simple macetita con un cactus falso y al frente en forma de carita sonriente amarilla que en vez de ojos tenia cámaras con las que me filmaba subiendo las escaleras de piedra volcánica del
Xitle al irme o al regresar de la oficina.
Arriba de mi vivía un cuate, que después fue mi amigo, que trabajaba en el entonces
Cisen, y él, rey del espionaje de a deveras, un día mandó a alguien de su oficina a que checara si Waldo había puesto cámaras ocultas adentro de la casa porque a mi me empezó a dar pánico hasta cambiarme de ropa. Ya él me dijo dos días antes de que me mandara llamar el jefe jefe: tienes que cambiarte de casa porque aunque él esté loco, está en su casa.
Ese día, el jefe jefe, también me dio los días que necesitara para eso, para cambiarme de casa a partir de ese momento y me mandó con el Procurador y un abogado a ver en qué situación estaba mi expediente como delincuenta de alto rango en la Procuraduría, lugar al que por cierto fui por primera vez en mi vida y a donde Dios quiera, no vuelva yo a ir.
Nunca he tenido tanto pánico como ese día. Y corriendo me fui directo a mi casa el triple de esquizofrénica que Waldo a recoger al Juan que lo dejaban a la entrada de mi Londres y asustadisima lo agarré bajándose de su camioncito escolar y lo mandé a Morelia en ese instante, ni me acuerdo con quién.
Esa misma tarde encontré departamento y en dos días me fui de allí para siempre, no sin antes mentarle la madre a mi casera que sabia perfecto la situación y que sabiéndolo me dejó vivir ese infierno sola con mi hijo bien chiquito. Eso si, con un descuento porque hasta eso me dijo que porque le había caído yo taaaaannnnn bien me la dejaba en tanto cuando yo sabia que las rentas alli eran tres mil pesos más caras.
Ora si que me salió rete caro el descuento.
Cuando Juan volvió de Morelia al nuevo hogar donde por cierto fuimos muy felices, un día estaba en la puerta de enfrente el hijo de Gina, mi nueva vecina y Juan asustadisimo cerró la puerta y se metió corriendo. Yo entonces fue que tuve cuidado de qué decir enfrente de los niños aunque tengan dos años y aunque uno esté muerto de miedo.
En fin.
Y estos que se quejan por unos cigarritos. Es más, dejen me fumo otro porque acordarme de Waldo, me puso nerviosa.
Dicho lo anterior, dejen pues lavo esos trastes que desde allá me están hablando que yaaaaa...
Pd de la historia de terror: a Waldo sólo lo vi dos veces. Una vez yo bajándome del coche con una piñata en una mano y con Juan en la otra, él desde su ventana nos grababa con una videocámara que le tapaba la cara. Y otra, un día antes de irme, su hombro izquierdo casi rozó el mio, él venía y yo iba y me dije ¿es él? ¿Es él? Cuando lo noté nervioso, porque claro, yo para él era el mismísimo chamuco michoacano de la
tierra caliente supe que era él y le dije a mi papá que fue al rescate de aquella locura: es él! y él, mi papá, entonces le dijo $%&*#@....
Fin del comunicado.
Válgame que locura y miedo !!!!!
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