Para mi papá siempre fuimos animalitos de su sublime y hermosa granja particular: su ardilla, su vaca, su burrito, pero cuando nació Natita se convirtió al instante en “el mordullito” de mi papá al que escuchabas decirle: “a ver véngase para acá mi mordullito hermoso” y le daba hartos besos que ella se limpiaba con el antebrazo de su suetercito rosa en cuanto la dejaba en paz de la ofensiva de besos con saliva típicos de mi papá.
A mi mamá no le gustaba que nos pusieran apodos, decía que tan bonitos nombres para acabar diciéndoles a “las niñas” así tan feo. Mi mamá siempre defendiendo nuestros derechos humanos cuando ni se usaba eso, siempre vanguardista mi mamá, así que al primer “oye Naty ve tráeme las tijeras que dejé allá arriba…. salió de inmediato a la defensa de nuestra hermana menor: “No me le pidan, ni me le digan, ni me le ordenen nada, Natalia ya tiene su mamá que soy yo”, y así fue como nos concentramos sin chistar en el hermoso reino de Naty, y ella enterada del hecho inauguró su dinastía que éramos nosotros. De tal modo que desde que tuvo como tres añitos volteaba a vernos a las dos y expresaba sin entonación alguna: “agua” y según a quien le tocara el turno iba Andy o yo por el vaso de agua. A los veinte minutos enunciaba apresurada: “pipí” e inmediatamente y en chinga, la que no había ido por el vaso de agua, la escoltaba al baño.
Naty, como su pelo y como nosotras, sus hermanas, siempre fue rebelde, pero ella más. No se le podía peinar como a nosotras porque su pelo es tan lacio que se le resbalaban las ligas, las bolitas o lo que le quisieras poner en el cabello y así fue como durante años lució su pelito al puro estilo Playmobil. Me sonrío de recordarla con su melenita en forma de casco.
Después nos hicimos grandes y Naty, a la que le llevamos ocho años, fue la primera que se fue de Morelia. Quería seguir su sueño y vaya que lo cumplió!... Cuando se fue a la gran Ciudad de México todo surgió como un simple rumor familiar, quesque la Naty había ido a México a ver a Maité y que iban pasando así de casualidad afuera de TV Azteca y que había un casting y que se puso en la fila porque pues iban pasando por allí y que así sin más la eligieron para un papel de la próxima telenovela. Cuando le contaron a mi papá, él le dijo “si tú ni sabes actuar, si vas a hacer las cosas, hazlas bien” pensando que eso la frenaría porque a nuestros papás les daba cosa eso de que nos fuéramos a otro lado. Y entonces Naty, obstinada y decidida como ha sido siempre, lo hizo como decía mi papá y se metió a la escuela de actuación. Lo demás es historia. Una historia que yo considero exitosa y de la que me siento profundamente orgullosa porque años después hasta a mí y al Juan nos llevó a México. Yo me andaba separando/divorciando y era un guiñapo –en palabras que podrían aplicarse al idioma de mi papá- y Juanito tenía casi dos años, aún lo llevaba yo en carreola y un día, estábamos en una salita del aeropuerto de Toluca y así de la nada me dijo en su típico y casual enfado: ay no bye, qué haces ya allá?
Y nos fuimos así como si nada unos días a Los Cabos. Para cuando regresamos a los seis días al mismo aeropuerto, ese mismo día yo tenía la entrevista de trabajo con alguien que se hacía nombrar “Primer Visitador” que yo ni sabía qué era eso pero ya que llegué vi que era alguien muy importante con un teléfono rojo en una gran oficina tal cual contaban en las novelas o en las películas y de la que salí ese mismo día al periférico sur, con trabajo y con su ropa y sus zapatos porque yo iba a la playa y no a otro futuro al que me tenía que presentar en tacones que me quedaban apretadísimos. No me dio chance ni de pensarlo ni de agradecérselo porque así es Naty: generosa pero no le digas. Y ella nos regaló salir del que para entonces era un laberintooscurohorriblegris moreliano y nos regaló a mí y al Juan la ciudad más espectacular del mundo donde fuimos, muchos años, muy profundamente felices.
Con mi hijo Juan se han hecho cómplices y partícipes de muchas aventuras desde aquel día en que Naty lo recogió muchos años de su kínder aquel del pedregal. Dice Naty que los primeros días la veía con cara de “Y esta mona que me vino a recoger quién es?” Para entonces Juanito ni hablaba. Pero con Naty se echaron las clases de Tae Kwon Do, de yoga, patinaban en Reforma, hacían las manualidades del Halloween con calabazas que compraban en camino a Santa Teresa, se iban por helados a Perisur y con dos añitos Juan le decía con su vocecita de niño pequeño que coleccionamos en un video: Namasté Naty.
Con Naty un día, dejó el pañal porque Naty pasaba al lado de él y soltaba la palabra: “pañalón” y el Juanpi imitando voz grave decía “yo no soy pañalón” mientras cruzaba los bracitos con total inconformidad. Al día siguiente nos sorprendió con que ya no quería el pañal. No encuentro la palabra para decir cómo es su trato pero ahora que Juan ya creció pues me da risa porque le dice ay oye tú ya no eres Juanpi, estás bien grandulón, ya te voy mejor a decir Juanpo y el otro se deja que lo moleste y sólo se ríe porque ella lo ha instruido en el arte del más fino sarcasmo y en el de defenderse porque le dice las cosas más profundas en el tono único de Naty: Ay no Juan, parece que no tienes dignidad. Si sabes lo que es eso? La dignidad? Y para cuando le explica el arte de la dignidad humana, el otro pone una cara única de si a huevo, yo puedo, yo soy digno.
También a veces me incluyen en sus jugadas, a mí que soy, se supone, la autoridad y un día allá en México cuando ya Naty nos adiestraba en el arte de los super foods, Juan no se quería comer el pollo. Naty, dile a Juan que es importante que se coma la proteína. No, no es necesario dijo Naty aquella tarde contundente ante el comedor. Juan se quedó triunfante sin comer pollo ese día. Y desde entonces anda con la cantaleta de ser vegetariano, porque Naty dice que no es estrictamente necesario comer carne todos los días. Bueno, hasta al Boloncho nos regaló, yo solo le encargué, oye Naty ve a ver un perrito, y qué le veo? me dijo. Y yo: ay pues si está bonito, si te gusta. Y pasaron horas y no me hablaba. Yo dije no pos no estaba bonito el perrito. Y de pronto ya iba para México con todo y perro al que le dejó de nombre Boloncho y peleaban con Juan porque él le decía, se llama León y llegaba Naty a la casa y decía, donde está mi Bolonchito? Y el otro llegaba moviéndole la cola hasta que Juan no tuvo de otra que dejarlo de Boloncho porque le decía León y el otro ni sabia a quien le hablaban.
También lo consiente y lo deja al Juan meterse imprudentisimo en pleno septiembre y con lluvia a la alberca de Lau para después infundarlo en una bata de reyezuelo en la que Juan se regodea por toda la reunión.
Así es nuestro mordullito regañón y generoso.
Ignoraba lo que es un mordullito pero se me imaginaba, antes de googlearlo hace cinco minutos, un animalito peludito, chiquito, güerito. Ahora sé que es una hormiga y sé que esto causará desilusión familiar generalizada pero miren que no estaba tan equivocado mi papá, nuestro mordullito es chambeador de sol a sol tal como las hormigas, es una mujer honesta, esforzada, virtuosa y además la más, más guapa. Yo creo que yo sin ella ya sería una señora dejada y fodonga, por eso cada que voy a Morelia me cuido del “Edurrrrrrrrne” que dice en cierto tono acompañado de cierta mirada para saber que si, que estoy con cuatro kilos arriba para ponerme en chinga a bajarlos.
¿Qué sería de nosotros sin su sublime algarabía? Seríamos una familia bastante aburrida. Yo creo. Por eso celebro que haya existido el 18 de octubre en que ella nació. Celebro que salió el sol para nosotros porque nació nuestra hermanita Naty, la tía Naty de Juan y de Pablo, la Natita de leche de mi mamá, el burrito mordullito de mi papá, y la “aaaaay Natalia” de Alche, nuestra niña experta en perder las llaves.
Feliz cumpleaños manita chula, que sea un año con muchas más felicidades. Te amo por los siglos de los siglos y celebro tu hermosa y festiva existencia.
Y mira, lo que son las cosas, me encontré esta hermosa foto de aquel viaje en el que nos regalaste el irnos de morelianos y regresarnos de chilangos. Y bueno, si nunca te lo había agradecido, hoy te lo agradezco infinitamente. Nuestra vida del Juan y mía no sería la que es, sin tu corazón que es enorme y está lleno de gratitud ante la vida y los que tenemos la fortuna de que nos ames.
Namasté Naty! 🙌❤🙏
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