To Be or Not to Be
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Una de mis tías se salió de Pátzcuaro para casarse con un chilango cuando después de la boda arribando a la flamante Ciudad de México la mandó a que echara unas tortillas, ¿tortillas? dijo mi tía con cara de que el hombre le estaba hablando en un idioma que no entendía, "yo no sé hacer tortillas" dijo tajante. El recién estrenado esposo sorpendidisimo dijo: y yo que me casé con una de pueblo para que me hiciera las tortillas! A lo que ella le contestó: Ah mira! Y yo me casé con uno de ciudad para que no me pusiera a hacerlas.
Elena Poniatowska, cuenta en una de las tantas entrevistas que le hicieron estos días a propósito de su cumpleaños, que un buen día ella simplemente dejó la casa en la que había vivido por décadas con Guillermo, su marido y sin tanto lío se cambió a vivir a la casa de Chimalistac. Allá dejó al señor quien al parecer era un hombre muy inteligente, muy de ciencia pero con un carácter de la fregada, muy intransigente con los hijos. Y por los hijos, ya ven, una luego hace cosas que nunca se imagina así que en nombre de la libertad de que sus hijos pudieran salir al cine y a los bailes sin las regañizas de por medio, cerró esa puerta y no volvió a la casa de él, ni con él.
Otra Elena, la Garro se peleó toooda la vida con Octavio Paz y era un amor- odio tan descomunal que cada que podía, le echaba tierra que si porque era bien hipócrita, que si escribia muy bonito pero que no hablara porque tenia la voz gangosa y un largo etecés de agravios a nuestro Nobel mexicano. Anécdotas hay miles, como que ella ni se quería casar con el Paz o ya divorciada cuando Paz les ponía la pensión de la hija que tenían en común y éstas se gastaban en un par de horas el dinero de la comida de un mes en abrigos elegantísimos y mascadas y cosas que no necesitaban para sobrevivir. Luego anduvieron, ella y la hija, parias y llenas de problemas por décadas por el mundo y cuando regresaron a México en 1991, estaban arruinadas en todos los sentidos. Ambas, la madre la hija.
Elena un día dijo: “Yo vivo contra él (...), hablé contra él, tuve amantes contra él, escribí contra él (...), todo lo que yo soy es contra él”. Y en esas andaba la Elena, cuando un día, el 19 de abril de 1998, se murió Paz. Como es de suponer, el 22 de agosto del mismo año, cuatro meses después, ella se fue a seguirle dando guerra allá, donde quiera que se van los muertos talentosos como ellos, porque además a mi se me imagina que ese tipo de amores se siguen persiguiendo por los siglos de los siglos y ni la muerte los separa del infierno o del cielo o sabe.
Hace unas semanas mataron acá en mi pueblo, a una mujer. Se llamaba Cecilia. Y como si tuviese un enemigo tipo Pablo Escobar, dos hombres en una moto la persiguieron y de seis balazos, la mataron, allí en su camioneta en la calle, a plena luz del día. Era abogada, era madre, era activista, era mexicana y era la mujer divorciada de un hombre político famosón con el que se peleaban, al parecer a muerte, por la pensión alimenticia del hijo que ambos tuvieron cuando se amaban. Como una ironía de la vida, ella defendía mujeres de la "violencia machista", o sea, ayudaba a mujeres en situaciones de divorcios conflictivos, incluido el de ella misma hasta que colmó a alguno de esos señores y la mataron.
A mi amiga Trisha también la matararon. Su marido y su novio la asfixiaron en su coche y la metieron en la cajuela. Se descubrió todo cuando se supo que él era el beneficiario de un seguro de un millón de pesos. Cuando eso pasó no existía el uso de la palabra "feminicidio". Y con su pelo rubio, su voz ronca y sus hermosos ojos color miel, la enterraron para siempre allá en Morelia ¡por un millón de pesos!
Dicen que hay muchos tipos de feminismo, el mio seguramente es un feminismo de pacotilla porque en mi opinión (y hablando solo personalmente) es prioridad ponerse a salvo una y sus hijos, a salvo de malos tratos, a salvo de relaciones tóxicas, a salvo de que te maten y sobre todo a salvo de dejar huérfanos o locos a tus hijos. Sentido común. Criterio. Supervivencia. Porque, de qué servimos bien muertas y adentro de un pozo o esparcidas nuestras cenizas en un árbol por andar peleando la pensión?
Elena Garro ni siquiera tiene una lápida que diga su nombre en el panteón de Cuernavaca donde la enterraron y pudiendo ser la escritora más consagrada de Latinoamérica, no lo es sólo por estar chingue y chingue al marido Premio Nobel. Pus no. No es negocio eso de ser una ferviente fan de tenerle harta tirria al marido/hombre/ojoazul/importante/famoso/guapo/megapatriarcal porque entonces "Los Recuerdos del Porvenir" van a pasar invisibles e inadvertidos ante los aplastantes "Cien Años de Soledad" y además jamás te van a quitar la etiqueta de loca. Así las cosas. Así el sistema.
Mi situación de vida me ha llevado a estar muchas veces abnegada, a veces cómoda, a veces triste dentro del sistema patriarcal porque la verdad, no hay de otra. Y el sistema es desafortunadamente sufridor para las mujeres, porque cuando una mujer decide irse por la libre, es decir, sin un marido, sin un padre que sea influyente, sin una figura masculina que te respalde, es un camino muy complejo. Yo soy de la idea de que dentro del patriarcado hay que saber decidir inteligentemente qué batallas vas a pelear y a cuales te vas a presentar dignamente con una banderita blanca de " si pues si, ya, hay muere".
Elena Poniatowska dice: Yo una vez les dije (a mis hijos), ‘vámonos a regresar con su papá’. Y ellos, ‘ay no mamá’. Yo ahora pienso que me equivoqué, que debí haberme quedado como la abnegada mujer mexicana." Pero pus yo pienso que eso no es cierto, ella cero abnegada, forjó su mundo despachando desde el imperio que es su casa de Chimalistac donde, la verdad, se le ve no sólo feliz, sino muy feliz. Dice que este año le hicieron la fiesta en Bellas Artes porque en su casa no le caben los invitados. Chingona la Poni. ¿A poco no?
Mi tía, con los años, también se divorció del que la quería poner a echar las tortillas. Yo, decidí poner ciudades, carreteras, cerros, pirámides, pinos, lagunas y muchas casetas de cobro de por medio a una ciudad mocha y patriarcal y llena de murmullos que hace una década, no podría haber soportado.
A veces vivir individualmente no concuerda con luchar colectivamente por sensibilizar el sentir de ser mujer, pero me queda la certeza de que sabiendo rodearnos de gente que amemos y nos ame y nos respete, trabajando mucho y educando a nuestros hijos para que no sean unos machos de porquería estaremos haciendo algo para el futuro.
Educar a nuestros hijos e hijas, por ahora, para mí, es el camino. No hay de otra. Yo digo.
Mi Edu ! Te quiero y te admiro !
ResponderEliminarMe encantó tu publicación y todas las historias son fuertes, pero me impactó la de Trisha. Un abrazo Edu.
ResponderEliminarMe encantó, escribes delicioso!!! Un abrazo desde esta ciudad patriarcal 😘
ResponderEliminarMe tienes feliz, sigue escribiendo, que yo seguiré leyendo te y queriéndote
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