To Be or Not to Be

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El día que mi mamá me sacó del colegio de las monjas para entrar a cuarto de primaria en una escuela pública donde dejaríamos ser hijas del verbo encarnado y convertirnos en Hijas del Ejército, a mi mamá lo que más le preocupaba era que mi hermana y yo dejáramos de aprender inglés. Hay que decir que con las monjas nos daban un inglés que a la distancia me parece muy rudimentario, pero si tomamos en cuenta que eran l os gloriosos y desglobalizados años ochentas, se entiende que no pasábamos del  What's your name?  y del  one, two, three, yellow, love, mother , chicken y en esas andábamos  cuando, ya de hijas del ejército, mi mamá nos empezó a mandar por las tardes al Instituto Norteamericano que estaba en el centro de Morelia y donde yo les puedo jurar que me hice más moreliana que la combi roja ruta 4 que era en la que nos subíamos con mi hermana para llegar a nuestras clases de inglés.  Yo tendría unos ocho o nueve años. Entonces no se robaban a las niñas y n...

Tlaxcala sí existe (no sean gachos)


 Estoy haciendo memoria y en 11 años, con el Juan hemos vivido en 6 diferentes casas. Nuestra vida juntos, empezó en un depa en Morelia que era de puras ventanas y cero paredes. Cuando nos fuimos a México allá vivimos en otros dos departamentos, el primero venía incluido con personalidades tan divergentes como las nietecitas de López Velarde a quien aún yo ni habia leído y un esquizofrénico con el que hemos vivido una historia delirante y aterradora.

En Puebla nos estrenamos en casas de dos pisos, hemos habitado en total 3 y en todas seguimos reusando las cortinas de aquel depa de Morelia porque eran tantas que ya la primer tanda se acabó con tanta mudanza y aún así nos siguen alcanzando aquellas cortinas de aquellas ventanas morelianas por las que afortunadamente, ya no nos asomamos.

En todos estos intentos de hogares, nos ha tocado conocer todo tipo de personajes con los caseros hasta que caímos acá con nuestros amigos que, tengo que decirlo, no son poblanos sino tlaxcaltecas.

Yo nunca había conocido a nadie tlaxcalteca y en esta casita mitad poblana y mitad tlaxcalteca, es la casa donde más tiempo hemos vivido: tres años. Nos gusta que es de un piso pero que tiene su chistecito con escalones arbitrarios que suben o que bajan según entres o salgas. También nos gusta que no tenemos vecinos y que afuera tiene dos palmeras enormes, dos, como nosotros.

Cuando vine a conocerla fue porque una amiga de una amiga que ya ni es mi amiga y que vive o vivía aquí mismo, en su caminata matutina vio que se había desocupado esta casita y como sabía que yo andaba buscando moverme a este rumbo, preguntó el teléfono, yo hablé más tarde y vine ese mismo dia. Ellos, los dueños, andaban acondicionándola, aún no ponían ni el letrero de SE RENTA porque estaban precisamente esperando a la de la inmobiliaria que era la que traía el letrero. La casa tenía muchos detalles pero yo le vi futuro a la casita y sobre todo me vi en ella con mijo, ese mismo día le di a la señora un adelanto de varios meses para que me pusieran cosas como la despensa que no tenía. Cuando me fui, iba llegando la de la inmobiliaria con el letrero que ya no bajó.

La casita ya les dije, tiene su personalidad. Según yo es más joven que yo pero ya tiene achaques de cuarentona premenopáusica, por ejemplo, cuando más bella luce es por las mañanitas en que se riegan las macetas y se abren las ventanas, le gusta cuando corre el aire matutino desde la entrada al patio trasero, también se ve linda por las tardes pero hasta después de las 6. De la 1:00 a las 4:30 le da jaqueca porque entra mucho sol y deja ver el polvo y que no se ha trapeado si es día en que no se trapea y la mugre en sus paredes que son todas, sin excepción, blancas. Es honesta porque en ella no se guardan secretos, todo escucha y las puertas siempre están abiertas, yo podría decir que lo único que guarda con mucho recelo son los huevecillos de los caracoles que en invierno se esconden en las profundidades del jardín para salir hambrientos a comerse todas las suculentas y las camelinas en cuanto se quita el frío. La casita me cae bien porque gusta de avisar, con un crujido que me alerta de los pies descalzos de un niño que hace cosas locas típicas de insomnes a las 3 de la madrugada. También es floja y hay que arrearla con un compresor que hace mucho ruido cuando lavas los trastes, pero es como cuando anda en acción, chambeando con los trastes y la lavadora a todo. A veces, también, llora y se llena de humedades y entonces hay que hablar a Tlaxcala y de Tlaxcala vienen Armando y Angélica con los trabajadores a darle su shainiada hasta que se queda contenta otra vez.

En dos años han venido por las más diversas causas: a quitar las humedades, tres veces. A clausurar una cisterna otra. Otro día arreglaron un calentador viejo y regresaron a los dos meses a cambiarlo por uno nuevo. Otra vez cambiaron las regaderas. Pusieron la puerta nueva. Impermeabilizaron. Y más cosas que ya olvidé y bueno con todo y todo yo estoy contenta, me encanta mi casa porque aunque sea de ellos a mi se me hace mía.

Cuando los desperfectos son leves, ellos mandan a Armando papá. Y don Armando que no escucha bien siempre viene cargando con delicias de su campo tlaxcalteca. "Ya hay elotes doña Edu", me dice el adorado con mucho respeto, "Doña" , pero con cariño, "Edu". Luego se le olvida y me dice "doña Ude" en mi larga y tradicional colección de renombres.

Hoy llegaron a poner un domo - tlaxcalteca- y Armando me trajo chileatole que hacen con chile ancho, panela que no es queso y masa y sabe dulcecito. También trajo elotes tiernos que se pusieron a cocer en la mañana con algo que él dice que se llama pericón, tequesquite y anís. Yo, lo siento en mi cocina, le sirvo un café y él se pone y me cuenta de sus cuatro hijos, de su mujer y de sus animalitos de Huamantla y ora no me trajo huevos porque ya ven que con el frío las gallinas pus no ponen. Yo me pongo otro café, lo escucho, hablo poco porque no oye y mientras lo miro sólo agradezco todas las circunstancias que se unieron para que cayésemos con el Juan, acá.

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